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martes, 22 de abril de 2014

¿Cómo afrontas la enfermedad?

Continuando con el tema de la semana pasada, hoy os escribo sobre cómo reaccionamos las personas ante la enfermedad. A estas respuestas que damos ante ella las llamamos estilos de afrontamiento

El estilo que adoptemos ante estos acontecimientos vitales tan adversos y estresantes, influye significativamente en el proceso de adaptación a la enfermedad.

Los principales estilos de afrontamiento que podemos presentar son los siguientes:
  • Evitación/Negación: la negación actúa como escape de la situación estresante o como mecanismo de afrontamiento a corto plazo para evitar los problemas abrumadores que suelen aparecer asociados al diagnóstico. Sin embargo, a largo plazo, suele correlacionar positivamente con malestar emocional.
  • Espíritu de lucha/optimismo: si pensamos que la enfermedad es un desafío, pensaremos que se encuentra bajo nuestro control personal. Este estilo se asocia con búsqueda activa de información acerca de la enfermedad y los tratamientos. Además, suele correlacionar con un ajuste psicológico más positivo comparado con el resto de los estilos de afrontamiento.
  • Preocupación ansiosa/desesperanza: si percibimos la enfermedad como una amenaza, podemos adoptar cualquiera de estos dos estilos:
    • Preocupación ansiosa: la persona percibe una gran incertidumbre tanto acerca de la capacidad de control como sobre las posibilidades futuras. Suelen buscar información como los anteriores, pero, a diferencia de ellos, tenderán a interpretarla negativamente.
    • Desesperanza: el paciente pensará que no tiene ningún control de la enfermedad. Suele aparecer en personas que ven el diagnóstico como pérdida, ya que su vida diaria se ve interrumpida.
  • Fatalismo: estas personas aceptan pasivamente la enfermedad, sin pensar que pueden ejercer algún control sobre ella. Se resignan a su suerte, sin hacer nada para cambiarla.

Una misma persona puede pasar por diferentes formas de afrontar la enfermedad a lo largo del proceso. En función del estilo de afrontamiento adoptado, tendremos un mejor o peor ajuste. Además, puede actuar como moderador del impacto negativo de la enfermedad sobre nuestro funcionamiento físico, social y emocional.

martes, 15 de abril de 2014

Cuando estamos enfermos...

Cuando estamos enfermos, las personas solemos prestar menos interés a las personas que tenemos cerca y al medio que nos rodea. Una gran cantidad de nuestra atención se dirige inevitabalemente hacia nosotros mismos, a lo que sentimos, lo que nos duele y lo que estamos tratando de curar.

La enfermedad nos muestra nuestra fragilidad. Por ello, dependiendo de cómo llevemos enfrentarnos a ella, la aceptaremos mejor o peor.

Cuando se trata de enfermedades graves, el diagnóstico y el tratamiento posterior modifican en gran medida la vida del paciente y de su entorno. Estos cambios suelen implicar amenazas para el paciente debido a diferentes factores: los efectos secundarios de los tratamientos que tiene que recibir, la angustia asociada a la impredicibilidad e incertidumbre del curso de la enfermedad, las listas de espera tan comunes hoy en día, el cambio que implica tener el rol de enfermo, la pérdida de capacidades, los posibles cambios en la imagen corporal y el afrontamiento de la posibilidad de la muerte.

 Foto cortesía de Mario Otero

Sufrir una enfermedad grave implica vivir bajo una importante amenaza, un miedo intenso, sentir sentimientos de desesperanza e indefensión. Por todo ello, muchas investigaciones estiman que alrededor de un 50% de los pacientes muestran síntomas y signos psicológicos relacionados con el nivel de estrés al que deben hacer frente.

En estos casos, el trabajo de los psicólogos consiste en evitar, en la medida de lo posible, que la respuesta de la persona ante la enfermedad alcance niveles desadaptativos de frecuencia, intensidad y duración. Por otro lado, implica tratar de disminuir al máximo su grado de sufrimiento e.investigar los apoyos que tiene esa persona para hacer frente a estos duros momentos y potenciarlos.