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martes, 8 de julio de 2014

"Tengo miedo a la oscuridad"

Continuando con el tema de la psicología infantil que inicié la semana pasada, hoy os escribo acerca de los miedos en la infancia.

Como ya he comentado en las dos entradas que escribí acerca del miedo y la ansiedad  tituladas "Miedo" y "Lo que siento es... ¿miedo o ansiedad?", el miedo es una emoción básica y necesaria para la supervivencia. Sin embargo, existen ocasiones en las cuáles puede llegar a ser desadaptativo y crear problemas a la persona que lo siente.

La infancia es uno de los momentos evolutivos en los que es más común tener miedos. Todos conocemos a un niño o un adulto que afirma haber tenido miedo a la oscuridad o a ciertos animales en la niñez. 


Algunos de los miedos más comunes en la infancia son:
  • Primera infancia: Cuando todavía son bebés, los niños suelen tener miedo a los ruidos fuertes, a la separación de sus figuras de apego, a las alturas, etc.
  • 2-4 años: Suele ser muy común en esta etapa el miedo a la oscuridad y a los monstruos. También se mantienen los miedos de la etapa anterior.
  • 5-7 años: A esta edad suelen comenzar los miedos a los animales y a cualquier acontecimiento que suponga un peligro físico como, por ejemplo, tener un accidente o el trueno.
  • 8-12 años: Coincidiendo con la época en la que a los niños se les exige más en el rendimiento académico, el miedo más importante en esta etapa se centra justamente en eso: no poder rendir adecuadamente y "ser tonto" (tal y como a veces se definen cuando tienen más dificultades que otros niños).
Aunque señalemos estos miedos como típicos de la infancia, es importante recordar que algunas personas continúan teniendo estos mismos miedos en la edad adulta. De hecho, el miedo a determinados animales como las serpientes es muy prevalente en población normal.

martes, 14 de enero de 2014

Miedo

Para el hombre de las cavernas el objetivo en la vida era la supervivencia. Por ello, la caza era una actividad fundamental. Cuando se encontraba frente a frente con un animal salvaje, podía sentir miedo, pero tenía que sobreponerse a él y enfrentarse al animal en cuestión para poder llevar el alimento a su familia, tribu o grupo.

Estímulos como los animales grandes, la oscuridad y los desastres naturales nos han dado miedo desde tiempo inmemorables. Son miedos que siguen estando presentes en nosotros hoy en día.

Pero tanto para este hombre primitivo como para nosotros, el miedo actúa de la misma manera. Nuestro corazón se acelera, se segregan hormonas como la adrenalina, el sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones que no son esenciales en el cuerpo en ese momento. Y todo ello para prepararnos para lo inminente: huír o pelear.


El miedo es una emoción básica y necesaria para nuestra supervivencia, hoy y siempre. De hecho, si no lo tuviéramos, seríamos una presa fácil para animales salvajes o pondríamos en peligro nuestra vida al tirarnos desde un edificio alto. En resumen, el miedo nos hace más precavidos, nos pone en alerta y nos ayuda a reaccionar adecuadamente.

Sin embargo, el miedo no siempre es adaptativo. Hay circunstancias, en las cuáles, el miedo se puede convertir en nuestro peor enemigo; impidiéndonos llevar una vida normal. Y es, en este caso, cuando aparecen los trastornos de ansiedad, tema sobre el que os hablaré en la entrada del próximo martes.
¡Hasta la semana que viene!