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martes, 26 de julio de 2016

Los monstruos a veces también pueden ser nuestros amigos

Los miedos a los monstruos y los fantasmas son muy comunes durante la infancia. Con el tiempo, cuando nos vamos haciendo adultos, esos miedos suelen ir desvaneciéndose para dejar paso a otros como por ejemplo el miedo a perder nuestro trabajo, a que nuestra pareja nos abandone, etc... Sin embargo, algunos adultos siguen teniendo miedo a la oscuridad, a lo desconocido y a los cambios. 

Una película que a mí me ha gustado mucho es la de Monstruos S. A. Seguramente todos vosotros la habéis visto hace años, porque supuso un cambio en la idea preconcebida que las personas tenemos acerca de los monstruos, haciéndonos llegar a adorar a esos bichitos con los que hemos tenido pesadillas cuando éramos sólo unos niños.


Monstruos S. A. relata la historia de Monstruópolis, un lugar en el que los monstruos viven sin tener ningún tipo de contacto con los seres humanos, ya que son tóxicos para ellos. Sin embargo, tienen una empresa (que tiene el mismo nombre de la película), en la que se obtiene la energía que administra la ciudad. Dicha energía se consigue a través de los gritos de los niños cuando se asustan porque un monstruo ha entrado en su habitación. 

Sin embargo, algo ocurre cuando un día, un monstruo se deja una puerta abierta después de haber asustado a una niña. Tras pasar un tiempo intentando deshacerse de ella, se dan cuenta de que no es tóxica, como anteriormente creían. 

Al igual que a los protagonistas de la película, a nosotros nos ocurre que a veces anticipamos un peligro potencial, especialmente cuando se trata de algo que desconocemos y pensamos que no podemos controlarlo. 

Por otro lado, en Monstruos S. A. resuelven la situación de una forma muy interesante: gracias a estar en contacto con los seres humanos (a los que previamente le tenían miedo), descubren una nueva fuente de energía más potente aún, la de la risa. Así, parece que la moraleja de la película es clara: no todo aquello que tememos es realmente peligroso, sino que además puede suponer para nosotros algo positivo.

martes, 25 de agosto de 2015

¿Qué es la personalidad?

Seguramente muchos de vosotros habéis pensado en algún momento de vuestra vida en compraros un coche. Si os acercáis a algún concesionario a ver los diferentes modelos de automóviles que os interesan, os encontraréis con que hay determinadas características o accesorios del coche que trae incorporados en el precio base y otros que forman parte de otros packs que debemos contratar aparte.

Con las personas sucede lo mismo. Cuando venimos a este mundo nacemos con un temperamento que nos caracteriza. Por tanto, el temperamento es algo que viene con nosotros "de serie". Seguramente habéis oído, en muchas ocasiones, hablar acerca de cómo es cada bebé: los hay que lloran toda la noche y que es muy difícil calmarlos, pero también existen otros que son muy tranquilos y que apenas demandan atención de sus padres.


Sin embargo, no todos los aspectos que nos definen como personas aparecen desde nuestro nacimiento. Nuestra personalidad es uno de esos packs que tendremos que añadir para que nuestro "coche" esté completo.

La personalidad se irá formando y modificando a lo largo de toda nuestra vida desde las primeras experiencias que vivimos. Y como los seres humanos somos seres sociales, dichos cambios son consecuencia de la influencia de otras personas que son relevantes para nosotros: nuestros padres o cuidadores, los profesores, los amigos que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida, etc...

Pero, ¿qué entendemos realmente por personalidad? La personalidad se puede definir como el conjunto organizado de características que posee una persona. Dichas características tienen una importante influencia sobre sus pensamientos, sentimientos, actitudes, hábitos y conductas a través de las diferentes situaciones a las que se expone un individuo.

Por tanto, que cada uno de nosotros tenga su propia personalidad es algo fundamental porque, además de definir lo que somos, nos diferencia de las demás personas, convirtiéndonos en seres únicos. También influye sobre el desarrollo de las demás habilidades que adquirimos a lo largo de la vida y de que estemos más o menos integrados en los grupos sociales a los que pertenecemos.

martes, 2 de junio de 2015

"Con la mejor intención"

En nuestra vida cotidiana, existen determinadas circunstancias que pueden causarnos estrés a los adultos, pero es importante saber que, probablemente, también se lo pueden provocar a nuestros hijos. Por ello, en muchas ocasiones, intentamos protegerlos de ese malestar emocional que nosotros sentimos, tratando de evitar que se enteren de las cosas o explicándoselas muy por encima, para que "no piensen mucho en ellas". Como ya decía Oscar Wilde, "con las mejores intenciones se obtienen, la mayoría de las veces, los peores resultados".

La realidad es que a día de hoy sabemos que es muy importante dar información a los niños acerca de las cuestiones importantes que nos suceden. Eso sí, la explicación que tenemos que darles debe ajustarse a su edad y nivel de comprensión. También es importante saber que tampoco necesitamos contárselo todo, debido a que nuestro objetivo es que el niño tenga una explicación de lo que ocurre y no se preocupe más de lo necesario por ello, no que se convierta en nuestro confidente, algo que sería negativo para su salud mental. 


Con la mejor intención, cuentos para comprender lo que sienten los niños es el título de otro de mis libros favoritos para poder trabajar en la consulta problemas que pueden surgir con bastante frecuencia en nuestras vidas. Algunos de los temas que se tratan son: la separación de los padres, el nacimiento de un hermanito, el fallecimiento de un ser querido u otros problemas clínicos como los trastornos de ansiedad o las agresiones que un niño puede sufrir en el colegio por parte de sus compañeros.

Este libro fue escrito por Marisol Ampudia, una psicóloga clínica que  trabaja en el Hospital Universitario Vall d´Hebron (Barcelona) y ha sido recomendado por numerosas revistas del campo de la Psicología para poder ayudar a los padres a afrontar problemas que pueden aparecer en el día a día, para evitar que se produzcan dificultades a posteriori.

Además, el formato en el que se presenta el libro me parece muy adecuado, debido a que explica cada uno de estos problemas ejemplificándolo con un cuento adaptado al nivel de comprensión de cualquier lector, de manera que resulta muy didáctico y sencillo de leer.
Fuente: Ampudia, M. (2010). Con la mejor intención. Cuentos para comprender lo que sienten los niños. Barcelona: Herder Editorial.

martes, 14 de abril de 2015

¿Qué puedo hacer si mi hijo se hace pis en la cama?

Las razones por las que los niños se hacen pis en la cama pueden ser muy diversas. Por ello, la forma de abordar el problema puede ser muy diferente también en función de los casos o del enfoque de tratamiento que siga el profesional que lo trata.

Lo que sí es cierto es que el primer paso ha de ser siempre descartar si existe alguna causa orgánica que esté provocando dicha conducta, es decir, que la persona tenga alguna enfermedad que explique que se haga pis en la cama.

El segundo paso, en caso de que no exista una enfermedad que lo provoque, será identificar cuál es la causa por la que el niño se hace pis. Unas veces será más o menos sencillo, mientras que otras será una tarea más complicada.


Algunos de los problemas más comunes con los que nos encontramos son: que el niño tenga una pequeña capacidad funcional en su vejiga, que no sea capaz de detectar cuando su vejiga está llena y, por tanto, despertarse o que sí consiga despertarse pero que no se levante a tiempo.

En cuanto a la primera circunstancia, que el niño tenga una pequeña capacidad funcional en la vejiga, nuestro trabajo irá en la línea de aumentar dicha capacidad. Para conseguir este objetivo, podemos animar al niño a beber más de lo que habitualmente hace y animarle a que, gradualmente, trate de aguantar las ganas de hacer pis.

En relación a que no pueda detectar cuando su vejiga está llena, tendremos que trabajar para que sea capaz de reconocer las señales que podemos sentir cuando nuestra vejiga está llena, semi-llena o vacía.

Si el problema es que no se levanta a tiempo de la cama, lo que tenemos que trabajar es la motivación del niño para solucionar el problema. Para ello, podemos trabajar con autoinstrucciones motivadoras (empleando música por ejemplo), que no sean agresivas para el niño, como por ejemplo un sonido fuerte, que favorezcan que se despierte y se levante de la cama.

En cualquier caso, el mensaje que debemos trasladarle al niño es que comprendemos sus dificultades y que podemos conseguir que deje de hacerse pis siguiendo unos procedimientos en los que él ha de responsabilizarse también, evitando reñirle o criticarle por ello.

Fuente: Cáceres, J. (2011). Cómo ayudar a tu hijo si se hace pis en la cama. Madrid: Siglo XXI España.

martes, 31 de marzo de 2015

Qué debemos evitar hacer cuando los niños se hacen pis en la cama

Como ya os explicaba en la entrada del blog de la semana pasada que los niños mojen la cama en alguna ocasión es normal. Por este motivo, que esto ocurra de forma aislada no es algo que nos tenga que preocupar. 

Sin embargo, sí es importante que el niño aprenda finalmente el control de esfínteres lo antes posible, para que pueda llevar una vida más normalizada, sin tener problemas para poder quedarse a dormir en casa de sus amigos, por ejemplo.


Por ello, una de las cuestiones que muchos padres me plantean es qué formas de reaccionar no son adecuadas cuando sus hijos se hacen pis en la cama. Algunas de las pautas que no debemos realizar son las siguientes:
  • Castigar al niño: esta opción suele adoptarse cuando pensamos que el niño no está poniendo de su parte para dejar de hacerse pis en la cama. Los efectos del castigo a largo plazo no suelen ser positivos, ya que el comportamiento no deseado vuelve a aparecer o tenemos que ir recurriendo a castigos más fuertes para que sigan haciendo efecto, con la consecuencia de que muchos padres piensen "no puedo con mi hijo".
  • Ser permisivo o muy exigente: tampoco resulta útil la estrategia de asumir que el niño se va a hacer pis y liberarle, por tanto, de toda responsabilidad; ni la de enfadarse con él, obligándole a mantener la cama seca por las noches. 
  • Poner pañales: este es un procedimiento muy empleado por muchas familias para manejar mejor el problema. Se recomienda no usar los pañales a partir de, aproximadamente, los 3 años, porque aunque puede resultar un procedimiento útil a primera vista para padres y niños, a largo plazo dificulta el desarrollo de los mecanismos necesarios para que el niño deje de hacerse pis.
La semana que viene escribiré acerca de cuáles son las estrategias más recomendables que podemos seguir para solucionar este problema.

Fuente: Cáceres, J. (2011). Cómo ayudar a tu hijo si se hace pis en la cama. Madrid: Siglo XXI España.

martes, 16 de septiembre de 2014

¿Cómo puedo favorecer que mi hijo hable de cómo le ha ido en el colegio?

Con la vuelta al cole, es muy común que los padres se preocupen acerca de si sus hijos están contentos o no con su nuevo profesor, con sus compañeros de clase, etc.

Aunque algunos niños sí tienen más interés en comentar cómo les ha ido en el colegio, es bastante normal que a los pequeños de la casa  no les guste demasiado hablar acerca de lo que han hecho en clase.

Por ello, a veces, puede resultar complicado que los niños expresen si han disfrutado, si han aprendido algo nuevo, etc. Por esta razón, es muy importante saber cómo podemos actuar para favorecer que nos cuenten algo.


En el caso de los niños que tienen más dificultad para comentar este tipo de cuestiones, no suele ser muy recomendable preguntarle una y otra vez hasta que acaban "soltando prenda".

Hay diversos momentos en los cuáles puede ser más sencillo iniciar una conversación acerca de lo que hemos hecho durante el día, como puede ser la hora de la comida o la cena. En esos momentos, los padres pueden empezar a hablar acerca de cómo les ha ido el día en el trabajo o en casa. Si esto es algo que se repite, el niño acabará sintiendo la necesidad de participar y comentar cómo le ha ido a él también. 

Por otro lado, es muy importante que, en los momentos en que el niño habla, se le escuche atentamente para que él/ella vea que lo que tiene que comentar es relevante y despierte las ganas de comunicarse con nosotros.

martes, 19 de agosto de 2014

El amor

Continuando con el tema de la terapia con familias que hemos iniciado la semana pasada, hoy os escribo acerca de un tema tan importante como el amor en la familia.

Según autores tan reconocidos en la Terapia familiar como Linares (2012), el amor es un complejo fenómeno relacional que incorpora elementos cognitivos y pragmáticos a los componentes emocionales, lo cuál quiere decir que el amor no sólo implica sentimientos, sino también pensamientos y formas de actuar. Sin embargo, no llega con que nosotros pensemos, sintamos o nos comportemos de una determinada manera, sino que el otro debe percibirlo de igual forma para poder llegar a sentir que lo "queremos".


De esta forma, hay diversos factores que deben estar presentes para que nuestros hijos se sientan queridos:
  • Reconocimiento: es uno de los componentes cognitivos del amor. Consiste en la aceptación de la existencia del otro. Y aunque esto parece muy sencillo, un padre que afirma "quiero que mi hijo sea abogado como yo", está fallando en reconocer a su hijo como alguien diferente a él, que puede pensar de otra manera y decidir con su vida de distinta forma.
  • Valoración: es otro componente cognitivo del amor. Consiste en apreciar las cualidades del otro aunque sean distintas de las propias. La falta de valoración llevaría a la descalificación de la otra persona, lo cuál podría provocar una baja autoestima.
  • Cariño: es el componente emocional del amor. Incluye sentimientos de entrega y de disponibilidad para el otro. En algunas ocasiones, el cariño puede no estar presente y los padres pueden sentir indiferencia hacia su hijo, aunque es más probable que las emociones sean más bien las inversas (odio, irritabilidad, etc...).
  • Sociabilización: hace referencia al componente pragmático. Supone el compromiso que deben asumir todos los padres de garantizar la visibilidad social de sus hijos. Además, los padres deben protegerlos frente a posibles agresiones procedentes del entorno social en el que viven.
Todos estos factores son importantes para que nuestros hijos sean personas independientes, establezcan relaciones saludables con otras personas, se sientan capaces de afrontar la vida y puedan tomar sus decisiones por sí mismos.

Fuente: Linares, J. L. (2012). Terapia familiar ultramoderna. La inteligencia terapéutica. Barcelona: Herder.

martes, 12 de agosto de 2014

Cuando la familia acude a consulta

Desde que nacemos, nuestra familia es el primer grupo de personas con el que establecemos intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia. La familia nos apoya y permite nuestra supervivencia. De ellos aprendemos una infinidad de cosas: a hablar, a caminar, a socializarnos, etc.

La relación que podamos establecer con esas personas tan relevantes para nosotros puede actuar de dos formas: ayudando o entorpeciendo nuestro desarrollo personal.

En la historia de la Psicología siempre se ha considerado que la familia es uno de los grupos humanos en los que, con más probabilidad, pueden aparecer problemas. Por otro lado, también es cierto que la familia es uno de los grupos en el que, con más frecuencia, se suelen solucionar dichos problemas, debido a que su principal objetivo es permanecer unidos y cuidar los unos de los otros.

 Sin embargo, hay ocasiones en las que la familia por sí misma no es capaz de resolver el problema y empieza a causar un fuerte deterioro en las relaciones de los miembros que la forman. Es en este momento en el que algunas familias deciden pedir ayuda a profesionales de la Psicología.

Cuando quien acude a consulta con un problema es una familia y no una persona individualmente, tenemos en cuenta que estos dos presupuestos:
  • la familia influye en los procesos psicológicos de cada uno de sus miembros (su forma de pensar, su comportamiento, etc).
  • el cambio en el comportamiento de un sólo miembro de la familia, va a dar lugar a un cambio en el total de la familia.
Por ello, en general las sesiones de terapia con una familia suelen ser más efectivas que las individuales en términos de recursos, tiempo y número de consultas, ya que podemos trabajar con todos los miembros del sistema familiar al mismo tiempo y todos trabajan para conseguir el mismo objetivo: conseguir que vuelva a haber una buena relación en la familia.

martes, 22 de julio de 2014

¿Los niños pueden tener depresión?

Tradicionalmente, era muy común pensar que la depresión en los niños no existía. Sin embargo, a día de hoy sabemos que los niños se deprimen, como también lo hacen los adultos. A pesar de esto, sigue infradiagnosticándose porque los criterios diagnósticos son los mismos para ambas edades, aunque las manifestaciones que presentan son diferentes.

Como ya os he explicado en la entrada que escribí hace unos meses acerca de este trastorno (¿Me siento triste o tengo depresión?), la depresión es altamente incapacitante y causa un elevado malestar a la persona que la padece, por lo que es muy importante poder detectarla lo antes posible y ayudar a quien la está sufriendo.


Entonces, ¿cómo podemos reconocer cuándo un niño está deprimido? 

Debido a que hasta los 6 años no estamos preparados para poner adecuadamente en palabras lo que sentimos, nuestros conflictos psicológicos o descontento, cuando en la infancia se sufre un trastorno depresivo, se manifiesta de diferente forma que los adultos. Por ello, los niños suelen expresar su malestar, en mayor medida, con sintomatología física y a través de su comportamiento.

Algunas de las manifestaciones que pueden aparecer son las siguientes:
  • Problemas para dormir.
  • Problemas para comer adecuadamente, generalmente con pérdida del apetito.
  • Intolerancia a la menor frustración.
  • Se suelen mostrar la mayor parte del tiempo como niños pasivos, que no exploran el medio que les rodea.
  • Tristeza, que es muy común que en niños se manifieste con constantes muestras de enfado e irritabilidad.
  • Sentimientos de desvalorización e incapacidad para hacer las cosas.
  • Sentimientos de "no ser querido".
Por tanto, si observamos que un niño presenta de forma continuada estos síntomas que no remiten, puede ser muy útil buscar la ayuda de un profesional, para que valore si el niño está presentando un trastorno depresivo y poder ayudarle.

martes, 15 de julio de 2014

¿Qué puedo hacer cuando mi hijo tiene miedo?

Como ya hemos comentado en la entrada de la semana pasada "Tengo miedo a la oscuridad", la infancia es una época de la vida en la cuál es muy común tener miedos. Muchos de ellos desaparecerán con el tiempo de forma espontánea, aunque otros permanecerán algún tiempo más. 

Tal y como os he explicado, los miedos suelen aparecer en los primeros años de la infancia, una edad en la que el niño aún no es capaz de entender, por sí mismo, el mundo que le rodea y no puede separar lo que es real de lo imaginario. Por tanto, los miedos tendrán un poder sobre él/ella importante, ya que anticiparán todo lo malo que les puede pasar cuando se sienten así.


Para los padres es complicado observar que su hijo tiene miedo a algo y que lo está pasando mal. Por ello, es bastante común que reaccionen de estas dos formas: 
  • se preocupan en exceso porque ven que su miedo va a más en lugar de desaparecer y tratan de protegerlo de todo aquello a lo que teme o, 
  • tienden a ignorar la angustia que siente, forzándole a afrontar aquella situación que le aterra y no permiten que exprese la ansiedad diciéndole frases como "No te asustes, no te pongas así...".

Cualquiera de las dos estrategias descritas anteriormente suelen ocasionar la cronificación del problema, evitando así que el miedo pueda desaparecer naturalmente.

Por tanto, para ayudar a que los miedos de nuestro hijo no empeoren es muy importante transmitirle seguridad y dejarle que exprese sus sentimientos. También es necesario recordar que no es conveniente estar exponiéndole a aquello que le da miedo continuamente, ni forzarle a que lo haga cuando no se siente preparado. 

La idea es que afronte poquito a poco sus miedos, para lo que podemos acompañarle a esos sitios que le asustan, mostrándole que estamos a su lado y que le apoyaremos en todo momento. Iremos reforzando todos los pequeños acercamientos que haga al objeto temido, por muy pequeños que sean. Por otro lado, es muy importante dar ejemplo con nuestra propia conducta, de forma que nuestro hijo pueda ver que el miedo es algo normal, que a nosotros también nos asustan algunas cosas y que hacemos intentos por superarlas. Ese será un gran aliciente para él.

martes, 8 de julio de 2014

"Tengo miedo a la oscuridad"

Continuando con el tema de la psicología infantil que inicié la semana pasada, hoy os escribo acerca de los miedos en la infancia.

Como ya he comentado en las dos entradas que escribí acerca del miedo y la ansiedad  tituladas "Miedo" y "Lo que siento es... ¿miedo o ansiedad?", el miedo es una emoción básica y necesaria para la supervivencia. Sin embargo, existen ocasiones en las cuáles puede llegar a ser desadaptativo y crear problemas a la persona que lo siente.

La infancia es uno de los momentos evolutivos en los que es más común tener miedos. Todos conocemos a un niño o un adulto que afirma haber tenido miedo a la oscuridad o a ciertos animales en la niñez. 


Algunos de los miedos más comunes en la infancia son:
  • Primera infancia: Cuando todavía son bebés, los niños suelen tener miedo a los ruidos fuertes, a la separación de sus figuras de apego, a las alturas, etc.
  • 2-4 años: Suele ser muy común en esta etapa el miedo a la oscuridad y a los monstruos. También se mantienen los miedos de la etapa anterior.
  • 5-7 años: A esta edad suelen comenzar los miedos a los animales y a cualquier acontecimiento que suponga un peligro físico como, por ejemplo, tener un accidente o el trueno.
  • 8-12 años: Coincidiendo con la época en la que a los niños se les exige más en el rendimiento académico, el miedo más importante en esta etapa se centra justamente en eso: no poder rendir adecuadamente y "ser tonto" (tal y como a veces se definen cuando tienen más dificultades que otros niños).
Aunque señalemos estos miedos como típicos de la infancia, es importante recordar que algunas personas continúan teniendo estos mismos miedos en la edad adulta. De hecho, el miedo a determinados animales como las serpientes es muy prevalente en población normal.

martes, 24 de junio de 2014

Erikson y las etapas de la vida

Erikson fue un psicoanalista de origen alemán, que dedicó su vida al estudio de la Psicología Evolutiva, tratando de conocer cómo se desarrolla nuestra personalidad.  

Este autor elaboró una teoría del desarrollo de la identidad y la personalidad, a la cual denominó teoría psicosocial. En dicha teoría, Erikson describe las ocho etapas o estadíos por los que pasa una persona a lo largo de su vida. Cada etapa supone un conflicto o una crisis a la que nos enfrentamos para ir desarrollando nuestras capacidades y habilidades.


Las ocho etapas son las siguientes:
  • Confianza básica vs. desconfianza (desde el nacimiento hasta los 18 meses aproximadamente): es una fase muy importante porque aparece la confianza hacia los demás a través del vínculo que el bebé desarrolla, generalmente, hacia su madre. Este sentimiento de confianza será el que, en el futuro, nos haga sentirnos seguros aunque las circunstancias puedan ser complicadas a nuestro alrededor.
  • Autonomía vs. vergüenza y duda (desde 18 meses a los 3 años): el niño empieza a ser más independiente y va explorando las cosas que lo rodean. Si se anima al niño en esta labor, se vuelve más confiado en su propia capacidad para manejarse en el mundo. Si sucede lo contrario, el niño será más dependiente de los demás.
  • Iniciativa vs. culpa (desde los 3 hasta los 5 años): esta etapa se desarrolla a través del juego. El niño va adquiriendo aprendizajes y comienza a mostrar iniciativa, mediante la cual toma sus propias decisiones. Si esto se ve frustrado, en los niños aparecerá la culpa.
  • Laboriosidad vs. inferioridad (desde los 5 años hasta los 13): etapa centrada en la escolarización. El niño siente deseo de hacer actividades con otros niños y se va sintiendo orgulloso por sus logros. Si no aparece esta satisfacción, puede sentirse incapaz de hacer las cosas bien y desarrollarse el sentimiento de inferioridad.
  • Búsqueda de identidad vs. difusión de la identidad (desde los 13 hasta los 21 años): a esta edad se experimenta la búsqueda de la identidad individual de cada uno de nosotros. En esta fase, es normal sentir cierta confusión acerca de lo que somos.
  • Intimidad frente a aislamiento (desde 21 a los 40 años): las personas establecemos relaciones con un mayor grado de intimidad y con más compromiso que anteriormente. Si evitamos las relaciones, podemos caer en el aislamiento y la soledad.
  • Generatividad vs. estancamiento (de los 40 años a los 60): este período se relaciona con la  familia y el cuidado de los hijos. En este momento, aportamos algo de nosotros a la sociedad mediante el trabajo que desempeñamos y la siguiente generación a la que estamos criando. Según Erikson, si no alcanzamos estos objetivos, podemos quedarnos estancados.
  • Integridad vs. desesperación (desde los 60 hasta la muerte): se corresponde con la etapa del envejecimiento y la jubilación. En esta fase, podemos revisar nuestra vida y sentirnos agusto con ella, orgullosos. Sí es así, se consigue la integridad. Sin embargo, es también una época difícil porque, con alta probabilidad, tendremos que vivir el fallecimiento de personas significativas para nosotros, afrontar nuestra propia enfermedad, etc. Todo ello, puede contribuír a la desesperación.