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martes, 10 de febrero de 2015

Puedo confiar

Para poder trabajar con personas que tienen un trastorno alimentario, lo primero que debemos crear es un clima de confianza. Y aunque esto parece fácil de decir, ¿cómo conseguimos que alguien que no nos conoce confíe en nosotros?

La verdad es que la cuestión es complicada, porque la confianza tiene mucho que ver con nuestras propias experiencias personales. Para que una determinada persona pueda poder confiar en otra, puede ser necesario que le sonrían y le den la mano al entrar en la consulta; mientras que, otra persona puede necesitar que le digan que van a ser sinceros con ella y que van a respetar siempre su forma de pensar.


Por otro lado, además de la confianza, vamos a tener que recordar que, aunque el motivo de consulta por el que vienen es un problema con la alimentación, la realidad es que pocas veces vamos a tener éxito si tratamos de cambiar las pautas alimentarias que actualmente siguen (sea una restricción alimentaria importante como darse atracones) desde un primer momento. Y es que, si fuera tan sencillo de modificar, ellos mismos lo habrían conseguido sólo con proponérslo. 

Estas pautas alimentarias que han ido estableciendo se han convertido en una constumbre en sus vidas y algo que sabemos a ciencia cierta es que las costumbres en nuestras vidas son muy complejas de cambiar, porque se convierten en parte de nuestra vida diaria. 

Por tanto, según mi perspectiva de trabajo, será primordial que comencemos por establecer un buen clima de confianza entre nosotros y el paciente, mientras paralelamente vamos conociendo algo más del problema por el que han decidido pedir ayuda. El siguiente paso será trabajar con las emociones que llevan a la persona a limitar su ingesta o a meterse atracones para que, cuando puedan manejarlas más adecuadamente, consigan tener unos hábitos alimenticios más saludables.

martes, 3 de febrero de 2015

Aprendiendo a manejar las emociones

Para poder intervenir con las personas que presentan trastornos alimentarios tendremos que hacer una amplia recogida de información, desde los datos que ya solemos recoger habitualmente, hasta los específicos de la alimentación (peso, IMC, si ha realizado dietas o no, si se purga (léase entrada del blog ¿Cuáles son los trastornos alimentarios?) de alguna manera, si se da atracones, etc...).

Otro de los aspectos fundamentales en los que tendremos que centrar nuestra atención es en el apego (si queréis saber algo más sobre este tema podéis leerlo en la entrada que he escrito acerca del apego: "Lo más importante, el amor") que han formado estas personas cuando eran niños con sus cuidadores principales. 



El apego es el vínculo que se genera entre el cuidador y el niño. La figura de apego es la que nos proporciona el alimento, así como la seguridad, calma y consuelo en los momentos en los que nos sentimos amenazados. 

Cuando los niños son pequeños internalizan que mamá los lleva al cole, pero que va a estar a la hora de la salida para recogerlos y que podrán pasar luego un ratito con ella. Ya desde edades muy tempranas entienden que su madre no les está abandonando, que es sólo una separación temporal y que se pueden ir con tranquilidad con el resto de los niños de su clase.

Aunque, generalmente, no se observa que las personas con trastornos alimentarios hayan tenido familias caóticas o cuidadores que no se hiciesen cargo de ellas, sí que ocurre en muchos casos que no han podido aprender a regularse emocionalmente a partir de esta relación establecida con sus figuras de apego. En la mayoría de las ocasiones, este aprendizaje no ha tenido lugar no por mala fe de los padres o porque "pasaran de ellos", sino porque sus propios progenitores tampoco saben regular sus emociones de forma adecuada.

Por tanto, algo que debemos explorar y, probablemente tendremos que trabajar es la regulación emocional. Sin embargo, el primer paso va a ser ganar su confianza. Esto no será fácil de entrada, ya que la mayoría no van a presentar conciencia de enfermedad, por lo menos inicialmente, y tendrán poco interés en cambiar sus pautas de alimentación actuales.

martes, 24 de junio de 2014

Erikson y las etapas de la vida

Erikson fue un psicoanalista de origen alemán, que dedicó su vida al estudio de la Psicología Evolutiva, tratando de conocer cómo se desarrolla nuestra personalidad.  

Este autor elaboró una teoría del desarrollo de la identidad y la personalidad, a la cual denominó teoría psicosocial. En dicha teoría, Erikson describe las ocho etapas o estadíos por los que pasa una persona a lo largo de su vida. Cada etapa supone un conflicto o una crisis a la que nos enfrentamos para ir desarrollando nuestras capacidades y habilidades.


Las ocho etapas son las siguientes:
  • Confianza básica vs. desconfianza (desde el nacimiento hasta los 18 meses aproximadamente): es una fase muy importante porque aparece la confianza hacia los demás a través del vínculo que el bebé desarrolla, generalmente, hacia su madre. Este sentimiento de confianza será el que, en el futuro, nos haga sentirnos seguros aunque las circunstancias puedan ser complicadas a nuestro alrededor.
  • Autonomía vs. vergüenza y duda (desde 18 meses a los 3 años): el niño empieza a ser más independiente y va explorando las cosas que lo rodean. Si se anima al niño en esta labor, se vuelve más confiado en su propia capacidad para manejarse en el mundo. Si sucede lo contrario, el niño será más dependiente de los demás.
  • Iniciativa vs. culpa (desde los 3 hasta los 5 años): esta etapa se desarrolla a través del juego. El niño va adquiriendo aprendizajes y comienza a mostrar iniciativa, mediante la cual toma sus propias decisiones. Si esto se ve frustrado, en los niños aparecerá la culpa.
  • Laboriosidad vs. inferioridad (desde los 5 años hasta los 13): etapa centrada en la escolarización. El niño siente deseo de hacer actividades con otros niños y se va sintiendo orgulloso por sus logros. Si no aparece esta satisfacción, puede sentirse incapaz de hacer las cosas bien y desarrollarse el sentimiento de inferioridad.
  • Búsqueda de identidad vs. difusión de la identidad (desde los 13 hasta los 21 años): a esta edad se experimenta la búsqueda de la identidad individual de cada uno de nosotros. En esta fase, es normal sentir cierta confusión acerca de lo que somos.
  • Intimidad frente a aislamiento (desde 21 a los 40 años): las personas establecemos relaciones con un mayor grado de intimidad y con más compromiso que anteriormente. Si evitamos las relaciones, podemos caer en el aislamiento y la soledad.
  • Generatividad vs. estancamiento (de los 40 años a los 60): este período se relaciona con la  familia y el cuidado de los hijos. En este momento, aportamos algo de nosotros a la sociedad mediante el trabajo que desempeñamos y la siguiente generación a la que estamos criando. Según Erikson, si no alcanzamos estos objetivos, podemos quedarnos estancados.
  • Integridad vs. desesperación (desde los 60 hasta la muerte): se corresponde con la etapa del envejecimiento y la jubilación. En esta fase, podemos revisar nuestra vida y sentirnos agusto con ella, orgullosos. Sí es así, se consigue la integridad. Sin embargo, es también una época difícil porque, con alta probabilidad, tendremos que vivir el fallecimiento de personas significativas para nosotros, afrontar nuestra propia enfermedad, etc. Todo ello, puede contribuír a la desesperación.