martes, 3 de febrero de 2015

Aprendiendo a manejar las emociones

Para poder intervenir con las personas que presentan trastornos alimentarios tendremos que hacer una amplia recogida de información, desde los datos que ya solemos recoger habitualmente, hasta los específicos de la alimentación (peso, IMC, si ha realizado dietas o no, si se purga (léase entrada del blog ¿Cuáles son los trastornos alimentarios?) de alguna manera, si se da atracones, etc...).

Otro de los aspectos fundamentales en los que tendremos que centrar nuestra atención es en el apego (si queréis saber algo más sobre este tema podéis leerlo en la entrada que he escrito acerca del apego: "Lo más importante, el amor") que han formado estas personas cuando eran niños con sus cuidadores principales. 



El apego es el vínculo que se genera entre el cuidador y el niño. La figura de apego es la que nos proporciona el alimento, así como la seguridad, calma y consuelo en los momentos en los que nos sentimos amenazados. 

Cuando los niños son pequeños internalizan que mamá los lleva al cole, pero que va a estar a la hora de la salida para recogerlos y que podrán pasar luego un ratito con ella. Ya desde edades muy tempranas entienden que su madre no les está abandonando, que es sólo una separación temporal y que se pueden ir con tranquilidad con el resto de los niños de su clase.

Aunque, generalmente, no se observa que las personas con trastornos alimentarios hayan tenido familias caóticas o cuidadores que no se hiciesen cargo de ellas, sí que ocurre en muchos casos que no han podido aprender a regularse emocionalmente a partir de esta relación establecida con sus figuras de apego. En la mayoría de las ocasiones, este aprendizaje no ha tenido lugar no por mala fe de los padres o porque "pasaran de ellos", sino porque sus propios progenitores tampoco saben regular sus emociones de forma adecuada.

Por tanto, algo que debemos explorar y, probablemente tendremos que trabajar es la regulación emocional. Sin embargo, el primer paso va a ser ganar su confianza. Esto no será fácil de entrada, ya que la mayoría no van a presentar conciencia de enfermedad, por lo menos inicialmente, y tendrán poco interés en cambiar sus pautas de alimentación actuales.

martes, 27 de enero de 2015

¿Cuáles son los trastornos alimentarios?

Los trastornos alimentarios están formados por un grupo de trastornos en los cuáles la persona que los sufre presenta una alteración en la conducta alimentaria, acompañada generalmente de una alteración o distorsión de la autoimagen corporal, la cuál tiene una gran influencia en la autovalía personal.

Los trastornos alimentarios que señala el DSM-IV-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) son los siguientes: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno de la conducta alimentaria no especificado.

  • La anorexia nerviosa consiste en el rechazo a mantener el peso corporal adecuado para la persona según su talla y edad. Se caracteriza por la importante restricción que estas personas realizan en su comida, provocando importantes problemas en su salud debido al estado de desnutrición que produce tal restricción. En muchas ocasiones, recurren a purgas (como por ejemplo vómitos, laxantes, diuréticos o enemas) con el objetivo de eliminar las calorías que han ingerido previamente para no aumentar de peso.
  • La bulimia nerviosa se caracteriza por la presencia de atracones que la persona se provoca de forma recurrente. Un atracón se produce cuando una persona come grandes cantidades de comida en un pequeño período de tiempo, sintiendo que no puede parar de comer o que no puede controlar la cantidad de comida que ha ingerido. Después de este atracón, suelen recurrir a purgas con la finalidad de no aumentar de peso.
  • El trastorno de la conducta alimentaria no especificado se refiere a un trastorno que formaría parte de los de este grupo, pero que no cumple los criterios marcados por los trastornos anteriores (anorexia nerviosa y bulimia nerviosa) . Uno de los trastornos más prevalentes de este grupo es el trastorno por atracón. Consiste en la presencia de atracones recurrentes, pero sin que aparezcan conductas compensatorias como por ejemplo vómitos, uso de laxantes, etc.
Ahora que ya conocemos cuáles son los principales trastornos alimetarios, la próxima semana continuaremos con este tema y nos centraremos en cómo podemos trabajar con ellos.

martes, 20 de enero de 2015

Trastornos alimentarios, ¿un problema nuevo?

Los trastornos alimentarios son bastante comunes en nuestros días y se consideran una patología que ha ido en aumento progresivamente en los últimos años.

De hecho, en la actualidad han causado una importante inquietud sanitaria y alarma social, motivo por el que cada día se están realizando más investigaciones con el objetivo de conocer cuáles son sus causas, los abordajes que han demostrado ser más eficaces, etc...

Sin embargo, a pesar de que hoy en día estén muy presentes, la realidad es que estos trastornos no son un problema nuevo, sino que sus comienzos datan de finales del siglo XIX.


Es en esta época denominada "victoriana" en la que aparecen encontrarse los factores socio-culturales que explican el origen de dicha problemática alimentaria. Algunos de estos factores son los siguientes:
  • Se considera la delgadez como modelo corporal relacionado con el éxito social, observándose que muchas mujeres llevaban corsés que las apretaban (teniendo incluso dificultades para  respirar con normalidad) para poder adaptarse a los vestidos de la época que exigían tener un cuerpo con una cintura muy estrecha.  
  • Aparece la imagen de la mujer como un ser frágil y delicado.
  • Factores como el hecho de tener una tez pálida se consideraba como un símbolo de tener unos modales exquisitos y refinados.
  • Existen descripciones en las cuáles se detalla que ya en el siglo XIX había personas que se provocaban el vómito después de ingerir grandes cantidades de comida.
  • Era muy común la utilización de dietas e importantes restricciones alimentarias para poder conseguir el cuerpo deseado.

Todos estos factores siguen estando presentes en muchas de las ideas que mantienen algunas personas que actualmente presentan trastornos alimentarios, por lo que parece que en esta época ya se estaba produciendo el caldo de cultivo que daría lugar a la problemática que observamos a día de hoy.

martes, 13 de enero de 2015

¿Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado?

Las personas tenemos diversos tipos de preocupaciones desde que somos muy pequeños. Generalmente, las cosas que nos preocupan en nuestra infancia son diferentes a las que lo hacen cuando nos encontramos en la edad adulta.

Erróneamente, a veces tendemos a pensar que las preocupaciones de los niños son poco relevantes o que no debemos darles importancia ya que "ya se les pasarán...". Sin embargo, la realidad es que son igualmente importantes las preocupaciones que tienen los niños que las de los adultos; aunque a nuestros ojos nos puedan parecer una tontería.


Cuando son los niños los que están preocupados, además de emplear el juego como vehículo principal para poder trabajar con la preocupación que él tenga, solemos usar diferentes recursos como por ejemplo libros.

Uno que os recomiendo es el libro de "Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado", editado por TEA Ediciones. Este libro explica qué son las preocupaciones, cómo las alimentamos y también ofrece tareas para poder ayudar a que dichas preocupaciones disminuyan. 

Una de las actividades que solemos realizar es pedir al niño que dibuje sus propias preocupaciones y, cuando ya se encuentra mucho más aliviado, le solicitamo que se dibuje a sí mismo sin preocupaciones. Resulta sorprendente ver la gran diferencia que hay entre ambos dibujos y cuando les enseñamos el primer dibujo que hicieron suelen comentar que la preocupación "ya no es tan grande" o que "ahora ya no está enfadada, sino que sonríe".

martes, 6 de enero de 2015

"Buenos días por la mañana"

Continuando con el tema de las habilidades sociales, hoy os escribo acerca de las habilidades sociales comunicacionales.

La comunicación está en todas partes, allá a donde vamos las personas nos comunicamos unas con otras, ya sea de forma verbal o no verbal, por lo que es muy importante dominar este tipo de habilidades. Si una persona tiene dificultades con ellas, es probable que los demás la vean como un "rarito" o un "maleducado", dificultando que pueda establecer unas relaciones sociales satisfactorias.

Por ello, cuestiones tan simples como saber decir buenos días cuando llegamos o despedirse adecuadamente cuando nos vamos son cruciales.


Algunas de las habilidades comunicacionales que tenemos que promover son las siguientes:
  • Escuchar, prestar atención, no interrumpir, mostrar interés hacia los demás y las cosas importantes para ellos. 
  • Compartir nuestras pertenencias con los demás.
  • Saber hacer cumplidos: para poder hacer cumplidos es necesario estar atento a las cualidades positivas de los demás y resaltarlas siempre que sea posible.
  • Saber recibir cumplidos: cuando otras personas dicen cosas positivas acerca de nosotros, debemos dar las gracias.
  • Pedir permiso para unirse a un grupo o una actividad. Esta es una de las habilidades con la que las personas suelen tener más dificultades, por lo que es muy importante entrenarla en diversas situaciones.
  • Acabar las interacciones sociales cordialmente.

Aunque debemos entrenar todas estas habilidades con personas que tengan dificultades con ellas, nunca debemos olvidar que el objetivo a la hora de enseñar las habilidades sociales no debe ser el aprendizaje de normas sociales, sino que puedan establecer y mantener relaciones personales por sí mismos para sentirse integrados en la sociedad.

martes, 30 de diciembre de 2014

La tarea de Sally y Ana

La semana pasada iniciábamos el tema de las habilidades sociales. En la entrada del blog de hoy, me gustaría continuar con este tema tal y como os he prometido la semana pasada.

El tema que he escogido para hoy son las habilidades sociales mentalistas, o sea, aquellas que implican que podamos atribuirle estados mentales a otras personas (deseos, creencias, intenciones, etc), independientemente de que concuerde con nuestro punto de vista o no. Esta habilidad implica la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona, es decir, de empatizar con ella, habilidad con la que tienen dificultades las personas autistas.

Foto cortesía de Mario Otero

Para evaluar qué personas poseen esta habilidad podemos emplear la tarea de Sally y Ana. Esta tarea es una de las más conocidas y fue creada en el año 1985 por Baron-Cohen, Leslie y Frith.

La tarea es la siguiente: se presentan dos muñecas al niño, llamadas Sally y Ana. Sally tiene una cesta y Ana una caja. La primera de las muñecas, Sally, esconde una canica en su cesta y se va. A continuación, Ana cambia la canica de sitio, introduciéndola en su caja.

Al niño se le hace la siguiente pregunta: ¿Dónde buscará Sally la canica?

Tras varios estudios con dicha tarea, Baron-Cohen y colaboradores encontraron que el 80% de los niños con autismo contestaba incorrectamente a la pregunta, indicando que Sally buscaría la canica en la caja donde la introdujo Ana, que es donde realmente se encuentra la canica.

Por otro lado, dichos investigadores observaron que la mayor parte de los niños normales o con síndrome de Down de 4 años, contestaron correctamente a la tarea, que Sally buscaría la canica en su cesta al creer que está donde ella la dejó.

Aunque esta tarea ha demostrado ser útil para valorar las habilidades de mentalización en niños, la realidad es que no sirve como instrumento diagnóstico del autismo, porque no todas las personas que lo presentan responden inadecuadamente a la tarea de Sally y Ana.

martes, 23 de diciembre de 2014

Las habilidades sociales

Los seres humanos somos seres sociales, por lo que, desde que nacemos, vivimos en contacto con otras personas con las que tenemos que aprender a relacionarnos. Aunque pueda parecer que esto es algo que dominamos de forma innata, la realidad es que no es así, ya que las desarrollamos tras un proceso de aprendizaje.

Estas habilidades que debemos aprender para poder relacionarnos adecuadamente con los demás es a lo que llamamos habilidades sociales. Entendemos por habilidades sociales aquellas que nos permiten iniciar, mantener y finalizar la interacción con otros, responder a las claves sociales pertinentes, reconocer sentimientos y proporcionar retroalimentación positiva (como por ejemplo cuando nos saludan poder devolver ese saludo con una sonrisa), como negativa (rechazar una proposición que no nos interesa), entre otras muchas habilidades.


Las habilidades sociales se clasifican en varios grupos:
  • Habilidades de comunicación y lenguaje: hacen referencia a los componentes básicos del habla (el tono de voz, el volumen, la velocidad, etc), saber saludar, iniciar una conversación, hacer preguntas, hablar en público y la escucha activa.
  • Habilidades mentalistas y emocionales: como por ejemplo saber hacer cumplidos, aceptar los cumplidos de los demás, ponerse en el lugar del otro, expresar emociones, opiniones, sentimientos...
  • Habilidades de autoafirmación: algunas de ellas son saber aceptar una crítica constructiva, pedir favores, solicitar cambios de conducta, pedir disculpas, defender los propios derechos, respetar los derechos de los demás, saber jugar con otros, etc...

Aprender habilidades sociales es muy importante para que las personas puedan integrarse en la sociedad y sean aceptados por ésta. La buena noticia es que no hay edad para dicho aprendizaje, ya que cualquier momento es bueno para mejorar nuestras habilidades para relacionarnos con los demás y que, cuánto más practiquemos, ¡más las dominaremos!

martes, 16 de diciembre de 2014

"Dime lo que sientes"

Conocer y entender nuestras emociones es fundamental para poder desempeñarnos adecuadamente en nuestra vida diaria, porque nos permite poder tener control sobre lo que sentimos y estar cómodos con nuestros sentimientos.

En primer lugar, me gustaría empezar por aclarar lo que entendemos por emoción. Las emociones son los estados afectivos que experimentamos como reacción al ambiente que nos rodea. La emoción se compone de diferentes tipos de cambios:
  • A nivel fisiológico: puede producir en nuestro organismo reacciones como incremento de la tasa cardíaca, tensión muscular, relajación, sudoración, etc.
  • A nivel cognitivo: como por ejemplo pensamientos de culpa o pensamientos recurrentes acerca del tema que nos preocupa.
  • A nivel conductual: pueden aparecer conductas como la evitación o por el contrario la aproximación hacia otras personas.

Para poder trabajar con las emociones, podemos emplear diferentes métodos o abordajes. Hoy os presento un recurso que me parece muy interesante para poder enseñar a las personas a identificar sus propias emociones. Este recurso es el Emocionario.

Emocionario: Di lo que sientes (www.palabrasaladas.com/emocionario.html), es un libro de la Editorial Palabras Aladas, que trata acerca de 42 emociones que las personas podemos sentir; tales como la ternura, el amor, el odio, la ira, el alivio, la alegría, el miedo, etc. En el libro se explican, de forma sencilla, todas y cada una de estas emociones a través de unas preciosas imágenes y de descripciones verbales. Algunas de las cuestiones que se especifican son qué implica esa emoción, en qué circunstancias se puede producir e incluso ofrece ejemplos de situaciones típicas en las cuáles las personas se sienten de esa determinada forma. 

Os invito a que lo conozcáis porque es un libro que merece enormemente la pena, tanto para el trabajo en terapia, como para enseñar las emociones a vuestros hijos.

martes, 9 de diciembre de 2014

Las emociones: nuestras compañeras de viaje

Las emociones nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida en las cosas que hacemos y condicionan nuestra forma de ver el mundo.

Así, para muchos psicólogos nuestras emociones, nuestra conducta y nuestros pensamientos están interrelacionados. De esta forma si, por ejemplo, estoy en el metro y una persona me empuja, lo que hago como consecuencia de ello dependerá de estos tres factores:
  • Si pienso que lo ha hecho intencionalmente, me enfadaré o me sentiré molesto y mi reacción será en esa línea, como por ejemplo devolver el empujón o ponerle mala cara.
  • Si pienso que ha sido sin querer, pensaré que no tiene importancia y le diré que no pasa nada.

Sin embargo, en nuestra vida, generalmente, las personas aprendemos equivocadamente que lo importante es sentirse bien y tratamos de evitar a toda costa las emociones negativas, como pueden ser la tristeza, la ira, el miedo, etc... Por ello, es muy común ver que las personas tratan de negar estas emociones o que se automedican para no sentirse de una determinada forma. 

Por este motivo, es muy importante que las personas sepan que todas las emociones son importantes en nuestra vida, incluso aunque nos hagan pasar malos momentos. Cuando alguien importante para nosotros fallece, lo normal es sentirse triste y no estar feliz, al igual que si aparece un león delante de nosotros, lo lógico es que sintamos miedo. Estas emociones son necesarias en esos momentos, ayudándonos a mantenernos vivos y a adaptarnos a situaciones nuevas.

Por ello, los psicólogos trabajamos continuamente con las emociones, ayudando a que las personas no se queden "atascadas" en ellas, pero que entiendan que son necesarias y útiles para nosotros.

La próxima semana os escribiré acerca de cómo podemos trabajar con ellas. ¡Os espero!

martes, 2 de diciembre de 2014

"Tengo celos de ti..."

Todas las personas hemos sentido celos hacia otras personas, ya sea nuestra pareja, un compañero del trabajo o de un amigo. Los celos aparecen como una reacción ante una amenaza de pérdida, ya sea real o percibida.

Sin embargo, este tipo de conductas se consideran normales si ocurren de forma puntual y no se convierten en algo habitual. Si no es así, y empiezan a ocurrir más frecuentemente, pueden convertirse en celos patológicos.

Foto cortesía de Mario Otero

Las personas con celos patológicos se caracterizan porque pierden el control de su propia conducta y emplean una gran cantidad de tiempo y energía en indagar y vigilar a la otra persona, impidiéndole llevar una vida normal.

Así, cuando los celos se producen en una pareja, pueden ocasionar una limitación importante en la vida de la persona celosa y de su pareja, ocasionando un gran sufrimiento en ambos.

Según un artículo publicado en el periódico El Mundo (www.elmundo.es/salud), para la psicóloga clínica Olga Castanyer, los celos son una forma de dependencia emocional. Según ella, la persona celosa necesita que la otra le haga sentir único, que sólo le quiera a él, para poder sentir que vale.

Por ello, el primer paso consiste en dectectar si existe o no un problema de celos. Para poder hacerlo, la clave está en si el "celoso" tiene una actitud vigilante hacia la otra persona: si revisa las cosas personales de la pareja, como la agenda, el móvil, la ropa, los armarios... y siempre está observando de forma que, cualquier pequeña cosa, puede ser un motivo de sospecha para el celoso.

A continuación, si la valoración es que existen celos patológicos, se puede comenzar la terapia con dos objetivos: terminar con las sospechas irracionales de infidelidad y modificar los comportamientos orientados a verificar las sospechas.

Fuente: El mundo.es