martes, 25 de agosto de 2015

¿Qué es la personalidad?

Seguramente muchos de vosotros habéis pensado en algún momento de vuestra vida en compraros un coche. Si os acercáis a algún concesionario a ver los diferentes modelos de automóviles que os interesan, os encontraréis con que hay determinadas características o accesorios del coche que trae incorporados en el precio base y otros que forman parte de otros packs que debemos contratar aparte.

Con las personas sucede lo mismo. Cuando venimos a este mundo nacemos con un temperamento que nos caracteriza. Por tanto, el temperamento es algo que viene con nosotros "de serie". Seguramente habéis oído, en muchas ocasiones, hablar acerca de cómo es cada bebé: los hay que lloran toda la noche y que es muy difícil calmarlos, pero también existen otros que son muy tranquilos y que apenas demandan atención de sus padres.


Sin embargo, no todos los aspectos que nos definen como personas aparecen desde nuestro nacimiento. Nuestra personalidad es uno de esos packs que tendremos que añadir para que nuestro "coche" esté completo.

La personalidad se irá formando y modificando a lo largo de toda nuestra vida desde las primeras experiencias que vivimos. Y como los seres humanos somos seres sociales, dichos cambios son consecuencia de la influencia de otras personas que son relevantes para nosotros: nuestros padres o cuidadores, los profesores, los amigos que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida, etc...

Pero, ¿qué entendemos realmente por personalidad? La personalidad se puede definir como el conjunto organizado de características que posee una persona. Dichas características tienen una importante influencia sobre sus pensamientos, sentimientos, actitudes, hábitos y conductas a través de las diferentes situaciones a las que se expone un individuo.

Por tanto, que cada uno de nosotros tenga su propia personalidad es algo fundamental porque, además de definir lo que somos, nos diferencia de las demás personas, convirtiéndonos en seres únicos. También influye sobre el desarrollo de las demás habilidades que adquirimos a lo largo de la vida y de que estemos más o menos integrados en los grupos sociales a los que pertenecemos.

martes, 18 de agosto de 2015

"Odio mi cara"

La imagen corporal es una cuestión de gran importancia para muchas personas hoy en día. De hecho, es muy común escuchar a la gente hablar de que tiene que hacer dieta para entrar en ese vestido o que debe apuntarse a un gimnasio para empezar la conocida operación bikini.

Y aunque es saludable cuidarse, comer de forma equilibrada y hacer un poco de ejercicio físico, hay personas que convierten su cuerpo en el centro de su vida, llegando a condicionar las actividades que realizan y sus relaciones interpersonales en función de pequeños detalles de su propio aspecto físico.


Hace unos años llegó a mi consulta un paciente con una demanda que me soprendió especialmente. Él era un chico muy joven y claramente agraciado físicamente, por lo que mi sorpresa vino cuando me dijo que odiaba su cara. Mi primera reacción fue de total incomprensión.  ¿Cómo era posible que no fuera capaz de ver lo que mis ojos y los de cualquier otra persona podían ver?  

Evidentemente, el atrativo físico y la belleza son una cuestión subjetiva, pero lo que yo tuve claro fue que su cara no resultaría desagradable a la gran mayoría de la gente. Posteriormente pensé en la posibilidad de que  tuviera un trastorno dismórfico corporal, especialmente cuando me explicó el motivo de porqué odiaba tanto su cara: una pequeña cicatriz que tenía en la frente.

El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría) define el trastorno dismórfico corporal por la preocupación por uno o más defectos o imperfecciones percibidas en el aspecto físico. Sin embargo, dichas imperfecciones no son observables o no tienen importancia a los ojos de otras personas. 

Además de este chico, he visto otros casos en los que la preocupación por la apariencia física, especialmente algún mínimo defecto, causaba una importante limitación para la persona. Por ejemplo, personas que se someten a operaciones de cirugía estética porque consideran que sus orejas son demasiado grandes o que su nariz es desproporcionada. No obstante, si cualquiera de nosotros observa a estas personas por la calle, no nos percataríamos de dichos  defectos.

Aunque la realidad es que todos tenemos pequeñas imperfecciones con las que convivimos, estas personas sienten un gran malestar a diario en relación a estas imperfecciones que ellos consideran de suma importancia. Por ello, es recomendable que podamos aceptarnos tal y como somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, porque todos somos diferentes y valiosos por lo que somos.

martes, 11 de agosto de 2015

¿Conocéis el monstruo de colores?

Este fin de semana, caminando por la calle, vi en el escaparate de una librería un libro que me pareció interesante. Se titulaba "El monstruo de colores". Entré y le pedí a la dependienta si me dejaba verlo por dentro y me quedé enamorada de él. 

La autora de este álbum ilustrado es Anna Llenas. Ella es ilustradora y diseñadora gráfica, pero también es una persona que conoce bien cómo funcionan nuestras emociones. Y lo más importante, ha sabido explicarlo de forma sencilla para el público más difícil: los niños.


La historia que relata es la de un monstruo que se encuentra confundido y no sabe lo que le pasa. Se ha quedado atrapado en un montón de emociones (la alegría, la tristeza, la rabia, el miedo y la calma) y no sabe qué hacer con todas ellas. 

Por suerte, esta vez el monstruo va a poder contar con la colaboración de una niña que le ayudará a entender y poner nombre a las emociones que está sintiendo. De esta forma, entre los dos van a guardar dentro del bote adecuado cada una de las emociones que siente. 

Este libro me parece muy recomendable para trabajar las emociones con los niños, una tarea que a veces no es muy sencilla, ya que los sentimientos no son objetos que podamos tocar. 

Me despido por hoy, pero antes os dejo un vídeo explicativo acerca de esta maravillosa historia. ¡Espero que os guste!


martes, 4 de agosto de 2015

¿Pesadillas o terrores nocturnos?

Todos nos hemos levantado alguna mañana o nos hemos despertado en mitad de la noche después de tener pesadillas. Las pesadillas suelen ser bastante desagradables y su contenido puede ser muy diverso. Algunas de las más comunes suelen tratar acerca de la muerte de alguna persona a la que queremos, no poder escapar cuando nos persiguen o perderse algún evento importante para nosotros.

Los terrores nocturnos son un tipo de trastorno del sueño. Se definen como episodios recurrentes en los que despertamos de forma brusca con intenso terror. Generalmente comienzan con gritos de pánico y es muy común sentir taquicardias, aumento del tamaño de las pupilas y sudoración.


Según todo esto, las pesadillas y los terrores nocturnos tienen bastantes cuestiones en común. Entonces, ¿cómo podemos diferenciarlos?
  • Las pesadillas suelen ser bastante elaboradas y solemos recodarlas cuando nos despertamos. Se asocian a la fase REM del sueño y suelen aparecer en la segunda mitad de la noche. Cuando el niño despierta, suele tener miedo o ansiedad.
  • Por otro lado, el contenido de los terrores nocturnos no suele recordarse cuando despertamos. A pesar de que el niño puede incorporarse en la cama y gritar, suele ser complicado despertarle. Se asocian a fase no REM del sueño y aparecen en la primera mitad de la noche. Cuando despierta, se experimenta una ansiedad muy intensa.