martes, 26 de julio de 2016

Los monstruos a veces también pueden ser nuestros amigos

Los miedos a los monstruos y los fantasmas son muy comunes durante la infancia. Con el tiempo, cuando nos vamos haciendo adultos, esos miedos suelen ir desvaneciéndose para dejar paso a otros como por ejemplo el miedo a perder nuestro trabajo, a que nuestra pareja nos abandone, etc... Sin embargo, algunos adultos siguen teniendo miedo a la oscuridad, a lo desconocido y a los cambios. 

Una película que a mí me ha gustado mucho es la de Monstruos S. A. Seguramente todos vosotros la habéis visto hace años, porque supuso un cambio en la idea preconcebida que las personas tenemos acerca de los monstruos, haciéndonos llegar a adorar a esos bichitos con los que hemos tenido pesadillas cuando éramos sólo unos niños.


Monstruos S. A. relata la historia de Monstruópolis, un lugar en el que los monstruos viven sin tener ningún tipo de contacto con los seres humanos, ya que son tóxicos para ellos. Sin embargo, tienen una empresa (que tiene el mismo nombre de la película), en la que se obtiene la energía que administra la ciudad. Dicha energía se consigue a través de los gritos de los niños cuando se asustan porque un monstruo ha entrado en su habitación. 

Sin embargo, algo ocurre cuando un día, un monstruo se deja una puerta abierta después de haber asustado a una niña. Tras pasar un tiempo intentando deshacerse de ella, se dan cuenta de que no es tóxica, como anteriormente creían. 

Al igual que a los protagonistas de la película, a nosotros nos ocurre que a veces anticipamos un peligro potencial, especialmente cuando se trata de algo que desconocemos y pensamos que no podemos controlarlo. 

Por otro lado, en Monstruos S. A. resuelven la situación de una forma muy interesante: gracias a estar en contacto con los seres humanos (a los que previamente le tenían miedo), descubren una nueva fuente de energía más potente aún, la de la risa. Así, parece que la moraleja de la película es clara: no todo aquello que tememos es realmente peligroso, sino que además puede suponer para nosotros algo positivo.

martes, 12 de julio de 2016

La distimia, ¿es lo mismo que la depresión?

Cuando una persona tiene un estado de ánimo bajo durante un tiempo y presenta además otros síntomas como falta de ganas para hacer cosas, insomnio o culpa, solemos decir que esa persona puede tener una depresión. 

Sin embargo, en otras ocasiones podemos leer que algunas personas que tienen síntomas muy parecidos son diagnosticadas de distimia. Entonces, ¿es lo mismo la distimia que la depresión?


Generalmente, hablamos de distimia cuando nos referimos a personas que presentan síntomas depresivos, pero de larga evolución. De hecho, en la nueva versión del DSM (DSM-5) la distimia se engloba dentro del trastorno depresivo persistente, por lo que sería como una "versión crónica" de lo que solemos conocer como depresión.

Los criterios para el diagnóstico de la distimia hacen referencia a un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día durante un mínimo de 2 años. Durante este período de dos años necesarios para el diagnóstico, no puede haber más de dos meses libres de síntomas. 
Son comunes también otros síntomas como:
  • poco apetito o sobrealimentación.
  • insomnio o hipersomnia.
  • poca energía o fatiga.
  • baja autoestima.
  • falta de concentración o dificultad para tomar decisiones.
  • sentimientos de desesperanza. 

Sin embargo, si una persona tiene cualquiera de estos dos trastornos, es importante que se ponga a tratamiento psicológico y/o psiquiátrico para poder superar dichos síntomas y mejorar su calidad de vida.