martes, 18 de agosto de 2015

"Odio mi cara"

La imagen corporal es una cuestión de gran importancia para muchas personas hoy en día. De hecho, es muy común escuchar a la gente hablar de que tiene que hacer dieta para entrar en ese vestido o que debe apuntarse a un gimnasio para empezar la conocida operación bikini.

Y aunque es saludable cuidarse, comer de forma equilibrada y hacer un poco de ejercicio físico, hay personas que convierten su cuerpo en el centro de su vida, llegando a condicionar las actividades que realizan y sus relaciones interpersonales en función de pequeños detalles de su propio aspecto físico.


Hace unos años llegó a mi consulta un paciente con una demanda que me soprendió especialmente. Él era un chico muy joven y claramente agraciado físicamente, por lo que mi sorpresa vino cuando me dijo que odiaba su cara. Mi primera reacción fue de total incomprensión.  ¿Cómo era posible que no fuera capaz de ver lo que mis ojos y los de cualquier otra persona podían ver?  

Evidentemente, el atrativo físico y la belleza son una cuestión subjetiva, pero lo que yo tuve claro fue que su cara no resultaría desagradable a la gran mayoría de la gente. Posteriormente pensé en la posibilidad de que  tuviera un trastorno dismórfico corporal, especialmente cuando me explicó el motivo de porqué odiaba tanto su cara: una pequeña cicatriz que tenía en la frente.

El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría) define el trastorno dismórfico corporal por la preocupación por uno o más defectos o imperfecciones percibidas en el aspecto físico. Sin embargo, dichas imperfecciones no son observables o no tienen importancia a los ojos de otras personas. 

Además de este chico, he visto otros casos en los que la preocupación por la apariencia física, especialmente algún mínimo defecto, causaba una importante limitación para la persona. Por ejemplo, personas que se someten a operaciones de cirugía estética porque consideran que sus orejas son demasiado grandes o que su nariz es desproporcionada. No obstante, si cualquiera de nosotros observa a estas personas por la calle, no nos percataríamos de dichos  defectos.

Aunque la realidad es que todos tenemos pequeñas imperfecciones con las que convivimos, estas personas sienten un gran malestar a diario en relación a estas imperfecciones que ellos consideran de suma importancia. Por ello, es recomendable que podamos aceptarnos tal y como somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, porque todos somos diferentes y valiosos por lo que somos.

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