martes, 27 de septiembre de 2016

Emociones bajo control

Este fin de semana he estado en Barcelona en un taller avanzado de recursos de autorregulación y estabilización emocional. Dicho taller fue dirigido por Isabel Pinillos, psicóloga clínica y formadora EMDR (para más información acerca del EMDR, consultar esta entrada del blog, ¿Qué es el EMDR?). 

La idea de ir a este taller fue seguir mejorando mis habilidades a la hora de ayudar a mis pacientes a regular sus emociones de una forma más adaptativa, debido a que cada vez observo más dificultades en este campo.


Entendemos por autorregulación la capacidad de manejar adecuadamente nuestras emociones y conductas. 

La autorregulación ha sido un reto para muchas personas que han tratado de mejorar las estretegias que solían utilizar cuando les tocaba enfrentar situaciones difíciles. Por ello, en los últimos años han ido apareciendo cada vez más libros, programas y formaciones centrados en la temática de las emociones. 
 
Sin embargo, aunque estos recursos son muy valiosos e interesantes, la habilidad de regularnos a nosotros mismos no es algo que podamos aprender sólo leyendo un libro o acudiendo a una conferencia una tarde. Es un proceso que se inicia cuando somos pequeños y se va perfeccionando durante toda nuestra vida. 

Y en este punto yo suelo encontrar otro problema..., las personas que nos ayudan a manejar nuestras emociones son nuestros propios padres, abuelos y/o profesores y la gran mayoría de ellos no han tenido la oportunidad de tener dicho aprendizaje tampoco. 

Por este motivo, creo que sería muy importante que la autorregulación sea una habilidad más que nos enseñen en el colegio, debido a que es vital para poder vivir una vida más plena en el futuro. Por otro lado, también sería interesante que, a título personal, cuando nos vayamos haciendo mayores, prestemos atención a mejorar nuestras estrategias de manejo emocional y autoconocimiento.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿Existe el síndrome postvacacional?

Cuando finalizan las ansiadas vacaciones de verano, siempre aparece algún titular en un periódico o escucho a alguna persona comentar que está sufriendo el síndrome postvacacional

En esos momentos siempre acude a mi memoria el título de un libro de Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez, titulado La invención de los trastornos mentales. En dicho libro, sus autores han tratado de explicar porqué cada vez aparecen más síndromes o etiquetas diagnósticas para definir situaciones de la vida cotidiana en las que las personas presentan algunos síntomas.


Según estos autores y muchos otros especialistas en Salud Mental, el conocido síndrome postvacacional no es más que un proceso normal de readapatación a la rutina en la que vivimos inmersos todo el año. 

Debido a esto, no podemos considerar que el síndrome postvacacional sea un proceso patológico o un trastorno mental, como pueden ser la depresión mayor o el trastorno de ansiedad generalizada, por ejemplo. 

Por otro lado, es importante que entendamos que para la mayoría de las personas volver a la rutina puede ser un proceso molesto o que implique cierto fastidio. Sin embargo, es aconsejable darnos un poco de tiempo para reanudar nuestra vida laboral y nuestras obligaciones cotidianas, teniendo un poco de paciencia sobre todo en las primeras jornadas. 

Y luego ya sabéis lo que nos queda... intentar disfrutar de nuestro día a día todo lo que podamos, de las pequeñas cosas que nos suceden a diario, ¡y soñar con las nuevas vacaciones que tendremos en una temporada!

martes, 26 de julio de 2016

Los monstruos a veces también pueden ser nuestros amigos

Los miedos a los monstruos y los fantasmas son muy comunes durante la infancia. Con el tiempo, cuando nos vamos haciendo adultos, esos miedos suelen ir desvaneciéndose para dejar paso a otros como por ejemplo el miedo a perder nuestro trabajo, a que nuestra pareja nos abandone, etc... Sin embargo, algunos adultos siguen teniendo miedo a la oscuridad, a lo desconocido y a los cambios. 

Una película que a mí me ha gustado mucho es la de Monstruos S. A. Seguramente todos vosotros la habéis visto hace años, porque supuso un cambio en la idea preconcebida que las personas tenemos acerca de los monstruos, haciéndonos llegar a adorar a esos bichitos con los que hemos tenido pesadillas cuando éramos sólo unos niños.


Monstruos S. A. relata la historia de Monstruópolis, un lugar en el que los monstruos viven sin tener ningún tipo de contacto con los seres humanos, ya que son tóxicos para ellos. Sin embargo, tienen una empresa (que tiene el mismo nombre de la película), en la que se obtiene la energía que administra la ciudad. Dicha energía se consigue a través de los gritos de los niños cuando se asustan porque un monstruo ha entrado en su habitación. 

Sin embargo, algo ocurre cuando un día, un monstruo se deja una puerta abierta después de haber asustado a una niña. Tras pasar un tiempo intentando deshacerse de ella, se dan cuenta de que no es tóxica, como anteriormente creían. 

Al igual que a los protagonistas de la película, a nosotros nos ocurre que a veces anticipamos un peligro potencial, especialmente cuando se trata de algo que desconocemos y pensamos que no podemos controlarlo. 

Por otro lado, en Monstruos S. A. resuelven la situación de una forma muy interesante: gracias a estar en contacto con los seres humanos (a los que previamente le tenían miedo), descubren una nueva fuente de energía más potente aún, la de la risa. Así, parece que la moraleja de la película es clara: no todo aquello que tememos es realmente peligroso, sino que además puede suponer para nosotros algo positivo.

martes, 12 de julio de 2016

La distimia, ¿es lo mismo que la depresión?

Cuando una persona tiene un estado de ánimo bajo durante un tiempo y presenta además otros síntomas como falta de ganas para hacer cosas, insomnio o culpa, solemos decir que esa persona puede tener una depresión. 

Sin embargo, en otras ocasiones podemos leer que algunas personas que tienen síntomas muy parecidos son diagnosticadas de distimia. Entonces, ¿es lo mismo la distimia que la depresión?


Generalmente, hablamos de distimia cuando nos referimos a personas que presentan síntomas depresivos, pero de larga evolución. De hecho, en la nueva versión del DSM (DSM-5) la distimia se engloba dentro del trastorno depresivo persistente, por lo que sería como una "versión crónica" de lo que solemos conocer como depresión.

Los criterios para el diagnóstico de la distimia hacen referencia a un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día durante un mínimo de 2 años. Durante este período de dos años necesarios para el diagnóstico, no puede haber más de dos meses libres de síntomas. 
Son comunes también otros síntomas como:
  • poco apetito o sobrealimentación.
  • insomnio o hipersomnia.
  • poca energía o fatiga.
  • baja autoestima.
  • falta de concentración o dificultad para tomar decisiones.
  • sentimientos de desesperanza. 

Sin embargo, si una persona tiene cualquiera de estos dos trastornos, es importante que se ponga a tratamiento psicológico y/o psiquiátrico para poder superar dichos síntomas y mejorar su calidad de vida. 

martes, 14 de junio de 2016

El duelo en los niños

Este miércoles he impartido una formación acerca del manejo del duelo en niños en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. Por este motivo, hoy os escribo para compartir con vosotros parte de los contenidos que allí trabajamos.

A veces pensamos que los niños "no se dan cuenta" de las cosas que suceden a su alrededor y que, cuántas menos cosas les contemos, menos sufrirán. Sin embargo, la realidad es bastante diferente...

Cuando los niños no tienen información real de lo que está sucediendo, su cerebro imagina qué puede estar pasando para que mamá esté más triste o hable menos de lo normal. Y las explicaciones que se dan los niños a estas cuestiones suelen ser bastante culpabilizadoras.

Por ejemplo, recuerdo el caso de un niño al que le había fallecido su abuelo y su familia le dijo que su abuelo se había ido. Este niño no entendió que su abuelo se había muerto, sino que se había marchado de viaje y que, por tanto, volvería algún día. Por este motivo, no se preocupó demasiado. Sin embargo, su mamá estaba muy triste, apenas jugaba con él como solía hacer antes y él no era capaz de entender porqué.

Su cabeza empezó a pensar que algo le tenía que haber hecho él a su mamá y, por ese motivo, ella estaba enfadada con él. Sin embargo, el enfado de su madre duró semanas... y luego meses. Y este niño pensó que su madre había dejado de quererle.

Como podéis imaginaros, la realidad es que su mamá intentaba seguir estando presente para su hijo, haciendo las cosas lo mejor que podía; pero estaba claro que algo había cambiado en ella debido al dolor que sentía por el fallecimiento de su padre. Y este hecho era perfectamente comprensible para todo el mundo, excepto para su hijo: la única persona que no sabía lo que realmente estaba ocurriendo.

Casos como éste nos recuerdan que es muy importante que los niños reciban una información realista de lo que sucede, incluyendo la muerte de sus seres queridos, por muy duro que pueda resultarnos a todos. Además, es importante que dicha información esté adaptada a lo que pueden entender en función de su edad y grado de comprensión.

martes, 31 de mayo de 2016

Descubre lo que sientes

Muchos de vosotros me pedís frecuentemente recomendaciones de libros para poder trabajar las emociones con los niños. Por ello, hoy os escribo acerca de una colección de libros que pueden ser muy útiles para dicho fin. 

La colección de libros ¿Qué sientes? está formada por 28 unidades en las que se tratan sentimientos como el nerviosismo, la envidia, la libertad, los celos, la ira... que todos podemos sentir en algún momento de nuestra vida.


La ilustradora que los ha diseñado se llama Violeta Monreal. Ella ha creado un montón de libros acerca de varias temáticas para niños y ha ganado algunos premios por ello, como por ejemplo el PREMIO CCEI de ilustración 2011 o el premio XXVI Salón del libro, por su labor en la promoción del libro infantil y juvenil. 

La fotografía que he colgado hoy es de uno de esos 28 libros, Nerviosismo y trata sobre la historia de Nuria. Ella está nerviosa porque es la Noche de Reyes y se encuentra en un atasco. Como todos los niños, sabe que para que los Reyes Magos le dejen su regalo debe esar en cama. Entonces..., ¿qué pueden hacer para no quedarse sin regalo? 

Os animo a que lo leáis porque son libros con relatos mágicos y divertidos. Algo que me parece muy interesante de ellos es que, antes del inicio de la historia, identifica qué es lo que pensamos, hacemos y notamos en el cuerpo cuando nos sentimos como el sentimiento del que trata ese volumen. Y gracias a esta explicación, los niños empiezan a identificar y comprender mejor lo que sienten.

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿Cómo podemos ayudar a las personas con fibromialgia?

La semana pasada me invitaron a dar una sesión clínica en el Hospital Lucus Augusti de Lugo, lugar donde yo me formé hace unos años como psicóloga clínica. Fue un placer poder volver a estar con todos ellos otra vez. 

El tema que escogí para trabajar fue la fibromialgia, debido a que considero que los psicólogos podemos ser de gran ayuda para aumentar la calidad de vida en estos pacientes. 

Para los que no pudisteis estar allí, os dejo un resumen acerca de algunas pautas con las que hemos trabajado sobre la intervención psicológica en pacientes con fibromialgia (Lledó, Pastor y López-Roig, 2012):


  • Evitar que acudan a las citas cuando ellos lo consideren oportuno, dándoles una cita concertada previamente. 
  • Reforzar las conductas adaptativas que realizan y extinguir la atención que damos a las conductas de dolor. 
  • Considerar a la familia en el tratamiento.
  • Fomentar el uso de la relajación para que el paciente maneje mejor la ansiedad.
  • Establecer metas claras y concretas para las actividades, evitando usar el dolor como guía para elegir dichas actividades.
  • Educar al paciente sobre la influencia de los pensamientos en el dolor, las emociones y la conducta.
  • Introducir la técnica de solución de problemas como una forma de mejorar las habilidades que ya tiene el paciente.
  • Permitir que las preferencias de los pacientes guíen la elección de las actividades que trabajamos y los contenidos de las mismas.  
  • Establecer un horario de práctica individualizada para cada paciente. 

Espero que os sirvan como guía para trabajar con estos pacientes que a veces tenemos un tanto descuidados en el sistema sanitario.
 
Fuente: Lledó, A., Pastor, M. A. y López-Roig, S. (2012). Intervención psicológica en pacientes con fibromialgia. FOCAD. 

lunes, 2 de mayo de 2016

¿Qué es la fibromialgia?

La fibromialgia es un problema de salud reconocido como enfermedad por la Organización Mundial la Salud en el año 1992. Constituye una de las situaciones de dolor crónico generalizado más frecuentes en la población, así como uno de los problemas sanitarios más actuales en los países en desarrollo.

La fibromialgia es una afección crónica de etiología desconocida, caracterizada por la presencia de dolor crónico músculoesquelético generalizado, con bajo umbral de dolor, hiperalgesia y alodinia (dolor producido por estímulos habitualmente no dolorosos). 
 

En estos pacientes, la presencia del dolor crónico suele coexistir con otros síntomas, fundamentalmente fatiga y problemas de sueño, pero también pueden estar presentes parestesias, rigidez articular, cefaleas, sensación de tumefacción en manos, ansiedad, depresión, problemas de concentración y memoria. 

El curso natural de la fibromialgia es crónico, con fluctuaciones en la intensidad de los síntomas a lo largo del tiempo. El diagnóstico de la fibromialgia es clínico, por falta de una prueba objetiva y no se apoya, por tanto, en ninguna prueba analítica, de imagen o anatomopatológica específica. 

Sin embargo, a pesar de todos estos datos, el impacto de la fibromialgia varía mucho de unas personas a otras. Hay casos en los que estos pacientes pueden seguir llevando una vida lo más normalizada posible y, sin embargo, hay otros en los que se aislan de su entorno social y se sienten totalmente incapacitados para trabajar. 

Por ello, es muy importante que, desde la psicología clínica les podamos ayudar a tener una mejor calidad de vida a pesar del dolor o de los síntomas asociados.

martes, 19 de abril de 2016

¡Ahora también en Santiago!

Esta semana os escribo para contaros una nueva noticia que me ha ilusionado bastante: desde el inicio de este mes de abril he empezado también a trabajar los viernes en Santiago de Compostela. 

Este nuevo proyecto ha surgido en colaboración con el grupo de trabajo de la clínica Assistens de A Coruña, que lidera la psiquiatra Anabel González. Tenéis más información acerca de Assitens en su página web.


En mi caso, trabajaré en Assistens Santiago con una psiquiatra que os recomiendo encarecidamente ya no sólo por su formación, sino porque es una persona muy humana: Lucía del Río Casanova (podéis ver más información acerca de su trabajo en su página, Cuidadosamente- Lucía del Río Casanova).

Entre las dos, formamos un equipo nuevo con muchas ideas de futuro y, sobre todo, con muchas ganas de mejorar y ofrecer la misma calidad en nuestros servicios que ya me caracteriza de la consulta que gestiono en Lugo desde hace ya unos años.

Nos podéis encontrar en Santiago de Compostela, en la calle Rosalía de Castro nº 44 bajo, donde compartimos un acogedor espacio con los compañeros del Psicotécnico RC44. Aquí tenéis un plano de la Ubicación de la consulta.

Os dejo el teléfono de contacto para cualquier consulta: 981 174953.

Sin embargo, no quiero despedirme por hoy sin daros las gracias por estos años en los que me habéis seguido en este blog, en mi página de twitter y facebook; y por todo el apoyo y los ánimos para seguir mejorando cada día. ¡Sin vosotros todo esto no tendría sentido, GRACIAS!

martes, 5 de abril de 2016

Autocuidado para terapeutas

Los  seres humanos aprendemos a cuidar desde muy pequeños. Cuando nacemos cuidan de nosotros nuestros padres. Posteriormente, nosotros mismos empezamos a cuidar de nuestros hermanos, mascotas..., hasta que nos hacemos cargo del cuidado de nuestros mayores (padres, abuelos, etc).

Los terapeutas, al igual que otros profesionales como los de enfermería, somos cuidadores también en nuestro trabajo. Pero, ¿solemos cuidar de nosotros mismos igual de bien que de los demás?

La respuesta a esta pregunta puede variar mucho de una persona a otra. Sin embargo, parece que, generalmente, nos cuesta bastante más cuidar de nosotros mismos. Ya lo decía ese dicho tan popular de "en casa del herrero, cuchillo de palo".


El autocuidado, según algunos autores como Rodríguez y Arias (2013), se basaría en conseguir una buena calidad de vida, que incluya condiciones laborales adecuada, un proceso personal de autoconocimiento y tener conexión con uno mismo.  

Para poder conseguir un buen autocuidado, podemos tener en cuenta cuestiones como las siguientes:
  • Exponer a nuestros pacientes el contrato terapéutico con el que trabajamos. Por contrato entendemos nuestras condiciones de trabajo, la duración de las sesiones, la periodicidad de las consultas, los honorarios, nuestra propia forma de trabajar, etc...
  • Crear unos límites en la relación terapéutica. Algo muy importante es recordar que la relación con nuestros pacientes debe ser únicamente profesional, evitando atenderlos en nuestro tiempo libre.
  • Disponer de actividades de ocio y tiempo libre que nos permitan desconectar de nuestro trabajo. 
  • Practicar ejercicio físico y alguna técnica de relajación que nos permita liberarnos de las tensiones que vamos acumulando durante la jornada de trabajo. 
  • Recordar que todos los pacientes tienen sus tiempos y que por mucho que queramos que mejoren rápidamente, cada persona lleva su ritmo. 
  • Limitar el número de pacientes que vemos cada día para no saturarnos demasiado.

Fuente: Rodríguez, M. J. y Arias, S. (2013). Autocuidado en terapeutas: estableciendo un buen vínculo con pacientes considerados difíciles. Revista Sul-Americana de Psicología, 1 (2).

martes, 22 de marzo de 2016

Los terapeutas..., ¿podemos con todo?

La relación que se establece entre paciente y terapeuta es compleja para todos los profesionales, ya que cada paciente es distinto y debemos adaptarnos a las necesidades de la persona que tenemos delante de nosotros. 

En dicha interacción se ponen en juego sentimientos y pensamientos del terapeuta que, en algunas ocasiones, pueden llegar a ser bastante fuertes. Además, hay casos en los que las situaciones que han vivido nuestros pacientes pueden habernos sucedido también a los terapeutas, haciendo que podamos fácilmente ponernos en el lugar de la persona a la que estamos atendiendo e identificarnos con ella.


Todas estas emociones que sentimos en terapia pueden desgastarnos y hacer que acabemos presentando el conocido síndrome del queme (más conocido por su denominación en inglés burnout).

El síndrome del queme o burnout se produce cuando un terapeuta está expuesto a un estrés crónico y se encuentra agotado emocionalmente. Dichos síntomas ocasionan que nuestra productividad se  reduzca y que perdamos interés en ayudar a nuestros pacientes.

Pueden presentar las siguientes características:
  •  Emociones como tristeza, miedo o enfado son muy comunes.
  • Forma de pensar rígida e inflexible.
  • Agotamiento físico crónico. 
  • Dificultades en la comunicación y aislamiento. 
  • Sentimiento de impotencia, de que nada depende de uno mismo. 
  • Alta probabilidad de tener discusiones con los pacientes o con otros compañeros.
  • Tendencia a quejarse por todo.

Es importante estar alerta a la aparición de dichos síntomas para evitar quemarnos en nuestro trabajo. Para ello, el próximo día os indicaré algunas cuestiones que podemos tener en cuenta para cuidar de nosotros mismos y evitar llegar a sentirnos quemados.

martes, 8 de marzo de 2016

"El miedo al miedo"

Generalmente, todos recordamos con ilusión y nostalgia aquellos momentos de nuestra vida en los que hemos sido felices y pasamos buenos ratos en compañía de personas importantes para nosotros. Es muy común que queramos revivirlos y guardarlos en nuestra memoria para siempre como si fueran un tesoro.

Sin embargo, hay otros recuerdos de momentos más tristes o angustiosos de los que nos gustaría librarnos y, sobre todo, no tener que volver a vivir.


Una situación de este tipo es cuando comenzamos a tener miedo a pasarlo mal y a sentir angustia. Este hecho es muy común en las personas que presentan crisis de ansiedad y agorafobia (véase la entrada del blog Agorafobia, ¿miedo a los espacios abiertos?), debido a que soportan una ansiedad muy intensa, que les paraliza y que dificulta que sigan viviendo su vida como han hecho hasta ese momento. 

El miedo a tener miedo se conoce como fobofobia. Las personas que sufren fobofobia sienten un gran temor a vivir situaciones en las que el miedo y la angustia los pueden abrumar. Por ello, estas personas suelen tener zonas seguras en las que se sienten cómodos y otras zonas que consideran "peligrosas", en las que el miedo puede volver a "apoderarse" de ellos. 

Finalmente, en muchas ocasiones, acaban evitando una enorme cantidad de situaciones para no tener que enfrentarse a volver a sufrir los temidos síntomas de ansiedad que otras veces han sentido. 

El miedo al miedo termina siendo muy incapacitante, por lo que es esencial que contemos con estrategias de afrontamiento para poder hacer frente a situaciones en las que el grado de ansiedad que sentimos es alto y no acabar desencadenando un cuadro de agorafobia. Por ello, sería muy importante que aprendiésemos desde pequeños dichas habilidades como un recurso o un aprendizaje más.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Descubriendo lo que se esconde detrás del vacío

La vida está llena de buenos y malos momentos.

Generalmente, todos deseamos vivir buenos momentos y sentirnos bien, pero cuando aparecen los malos, nos cuesta permitirnos sentir emociones como la tristeza o la ansiedad y reconocer que tenemos derecho a sentirlas...

Sin embargo, todas las emociones son necesarias, por lo que debemos trabajarlas con personas de todas las edades. Para mí, uno de los sentimientos más difíciles de gestionar es la sensación de vacío. Detrás de él pueden estar un montón de emociones, por lo que aprender a manejarlas suele ser una tarea muy importante.


Con los niños, suelo trabajar el vacío con la ayuda de un libro que tiene ese mismo nombre Vacío. Su autora es Anna Llenas. Ella es una ilustradora española que se dedica, entre otras cosas, a crear libros para ayudarnos a trabajar con las emociones. También ha creado otros que ya os he presentado en este blog como El monstruo de colores (podéis consultarlo aquí: Monstruo de colores).

Vacío narra la historia de Julia. Ella es una niña que tiene un agujero en el estómago que no le gusta nada. Julia está empeñada en tapar ese hueco y lo intenta de muchas formas: con golosinas, peluches, gatos... Sin embargo, nada consigue que ese sentimiento desaparezca.

Como casi todos los libros de esta ilustradora, Vacío me ha sorprendido gratamente porque recoge una enseñanza muy importante para la vida: que a pesar de estar atravesando malos momentos, podemos usarlos para convertir dichas dificultades en un estímulo para crecer y convertirnos en mejores personas. Algo que los psicólogos llamamos resiliencia

Os invito a leerlo y disfrutar de las maravillosas ilustraciones por las que está formado. Para mí, es un libro muy especial.

martes, 9 de febrero de 2016

¿Cómo puedo saber si tengo un trastorno psicosomático?

No es una tarea fácil diferenciar entre el dolor estructural y el dolor que se produce en los trastornos psicosomáticos.

Como es obvio, no existe ninguna prueba objetiva tal como un análisis de sangre o una radiografía, para identificar si lo que nos sucede es un trastorno psicosomático, en el que las emociones que sentimos en nuestro interior tienen un papel muy importante.

Por ello, en la entrada de hoy, os voy a presentar algunos de los signos en los que nos fijamos para poder diferenciar los trastornos psicosomáticos de las enfermedades orgánicas.


John Sarno, profesor de rehabilitación médica de la universidad de Nueva York, es experto en trastornos psicosomáticos y considera que algunos de los signos que debemos tener en cuenta son los siguientes:
  • Historial de otros trastornos psicosomáticos.
  • Historial de depresión o ansiedad.
  • El momento y las circunstancias en las que aparecen los síntomas.
  • Síntomas vagos, variables, que se modifican en el curso del trastorno.
  • La localización de los síntomas. 
  • Hipersensibilidad a la palpación de los tejidos blandos. 
  • Respuesta exagerada ante el dolor.
  • Síntomas de parestesia (sensación de hormigueo) y debilidad.

martes, 26 de enero de 2016

Lo que se esconde tras la punta del iceberg

Un iceberg es una gran masa de hielo que flota en el mar. Aparentemente, parece que su tamaño es pequeño debido a que sólo sobresale del agua la octava parte de su volumen total. 

Por este motivo, los icebergs han supuesto dificultades para la navegación en el mar constituyendo un peligro para las embarcaciones, como sucedió en el caso del conocido hundimiento del Titanic

Del mismo modo que sucede con los icebergs, las personas sólo mostramos una parte de nosotros mismos. Hay otras partes que permanecen ocultas a los ojos de los demás y, en algunos casos, también a los nuestros propios. 

Además, en nuestra vida cotidiana, solemos prestar atención a aquello que observamos a través de nuestros ojos, obviando otra información de la realidad que está ahí pero que no podemos ver a simple vista. Por otro lado, es muy popular el dicho de ver para creer, haciendo referencia a que todo aquello que nuestros ojos no ven, permanece oculto para nuestra mente. 

  
Es muy común que nuestros pacientes acudan a la consulta con algún síntoma que les molesta o les interfiere para continuar llevando a cabo su vida diaria. Dicho síntoma suele ser una señal de aviso de que las cosas no están funcionando bien para esa persona y de que, probablemente, necesite hacer cambios para poder sentirse bien con su vida. 

Así, por ejemplo, una persona que tiene mucha ansiedad, a la que le cuesta dormir y que no puede comer porque tiene un nudo en el estómago, es probable que sea diagnosticada de un trastorno de ansiedad y la ayudemos a manejar dichos síntomas.

Sin embargo, que apareciera dicho síntoma no es casual (aunque pueda parecerlo) y si sólo aprende a regular su ansiedad, únicamente estará trabajando con la parte visible del iceberg, motivo por el que puede aparecer a medio plazo otro síntoma que continúe avisándola de que las cosas siguen sin estar bien en su vida.

Por este motivo, es realmente importante ver a las personas como una totalidad y no como síntomas aislados, debido a que el ser humano es sumamente complejo.

martes, 12 de enero de 2016

Psicosomático no es lo mismo que inventado

Algunos de mis pacientes han acudido visiblemente enfadados a la consulta, ya que les han derivado a un psicólogo cuando lo que tienen son síntomas que son compatibles con alguna enfermedad común en nuestra sociedad.

Muchas veces cuando nos dicen que esa dolencia que tenemos es de origen psicológico, pensamos que lo que nos están diciendo es que nos lo estamos inventando. Sin embargo, psicosomático no es lo mismo que inventado, por lo que es muy importante distinguir entre trastorno psicosomático y trastorno por simulación.


La simulación se produce cuando una persona finge deliberadamente los síntomas de una enfermedad o trastorno concreto. El objetivo que persiguen es obtener algún beneficio, como por ejemplo cobrar una pensión por padecer dicha enfermedad o poder escabullirse de realizar alguna tarea que si estuviesen sanos tendrían que hacer.

Por otro lado, las personas que padecen algún trastorno psicosomático no fingen sus síntomas, sino que realmente los sienten en su cuerpo. Podemos definir dicho trastorno como cualquier patología que se desarrolla en el cuerpo en el que los factores psicológicos son considerados importantes tanto en el inicio como en la exacerbación de cualquier trastorno orgánico.

Generalmente, a la gente le suele costar entender que su propia mente pueda dar lugar o incentivar estos síntomas, tomando decisiones que no son conscientes para ellos. Sin embargo, la realidad es que nuestro cerebro produce muchas reacciones en nosotros que no dominamos. Por ejemplo, si sentimos ansiedad, podemos notar taquicardias o dificultad para respirar o, si estamos tristes, podemos notar como caen lágrimas por nuestras mejillas aunque no queramos llorar.

Algunos de los trastornos psicosomáticos más conocidos son las migrañas, la fibromialgia, la colitis ulcerosa, el reflujo gastrointestinal, el síndrome de colon irritable, el tinnitus, los mareos, problemas de la piel como eccemas o diversos problemas que causan dolor crónico, como por ejemplo la artritis reumatoide. 

En la próxima entrada del blog continuaré escribiendo sobre este tema.