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martes, 12 de agosto de 2014

Cuando la familia acude a consulta

Desde que nacemos, nuestra familia es el primer grupo de personas con el que establecemos intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia. La familia nos apoya y permite nuestra supervivencia. De ellos aprendemos una infinidad de cosas: a hablar, a caminar, a socializarnos, etc.

La relación que podamos establecer con esas personas tan relevantes para nosotros puede actuar de dos formas: ayudando o entorpeciendo nuestro desarrollo personal.

En la historia de la Psicología siempre se ha considerado que la familia es uno de los grupos humanos en los que, con más probabilidad, pueden aparecer problemas. Por otro lado, también es cierto que la familia es uno de los grupos en el que, con más frecuencia, se suelen solucionar dichos problemas, debido a que su principal objetivo es permanecer unidos y cuidar los unos de los otros.

 Sin embargo, hay ocasiones en las que la familia por sí misma no es capaz de resolver el problema y empieza a causar un fuerte deterioro en las relaciones de los miembros que la forman. Es en este momento en el que algunas familias deciden pedir ayuda a profesionales de la Psicología.

Cuando quien acude a consulta con un problema es una familia y no una persona individualmente, tenemos en cuenta que estos dos presupuestos:
  • la familia influye en los procesos psicológicos de cada uno de sus miembros (su forma de pensar, su comportamiento, etc).
  • el cambio en el comportamiento de un sólo miembro de la familia, va a dar lugar a un cambio en el total de la familia.
Por ello, en general las sesiones de terapia con una familia suelen ser más efectivas que las individuales en términos de recursos, tiempo y número de consultas, ya que podemos trabajar con todos los miembros del sistema familiar al mismo tiempo y todos trabajan para conseguir el mismo objetivo: conseguir que vuelva a haber una buena relación en la familia.

martes, 10 de junio de 2014

¿Tú y yo somos una pareja?

En ocasiones, las apariencias pueden engañar y podemos ver a dos personas que pasan mucho tiempo juntas. Sin embargo, eso no significa necesariamente que constituyan una pareja.

Por tanto, lo primero que debemos aclarar es qué entendemos por pareja. Para ello, nos basaremos en la definición dada por Carmen Campo, psicóloga clínica de la Unidad de Terapia Familiar del Hospital Sant Pau (Barcelona) y especialista en terapia de pareja. Ella indica que la pareja está formada por dos personas procedentes de familias distintas, generalmente de diferente sexo, que deciden vincularse afectivamente para compartir un proyecto común. Dicho proyecto incluye apoyarse y ofrecerse cosas importantes mutuamente, en un espacio propio que excluye a otros, pero que también interactúa con el entorno social.

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Otro aspecto realmente importante y que muchas veces pasa desapercibido es que los miembros de la pareja deben llegar a ciertos acuerdos decisivos para asentar los fundamentos de la misma. Hay tres grandes áreas en las que son necesarios dichos acuerdos para que se constituya la relación: los afectos, la jerarquía interna y los proyectos básicos.

Sin embargo, cuando no se llega a dichos acuerdos y los puntos básicos no son coincidentes, no se consigue establecer una definición común de lo que cada uno entiende por pareja, de lo que necesita y de lo que quiere. Esto muchas veces implica una hipoteca de la pareja ya que, desde sus inicios, queda bloqueada en su desarrollo.

Por tanto, para Carmen Campo no se puede hablar de pareja si sus miembros no tienen razonablemente claro qué significa para ellos quererse, quién toma las decisiones en las diversas áreas y qué piensan hacer juntos en el futuro.

Fuente: Campo, C. y Linares, J. L. (2002). Sobrevivir a la pareja. Barcelona: Planeta.