martes, 9 de junio de 2015

martes, 2 de junio de 2015

"Con la mejor intención"

En nuestra vida cotidiana, existen determinadas circunstancias que pueden causarnos estrés a los adultos, pero es importante saber que, probablemente, también se lo pueden provocar a nuestros hijos. Por ello, en muchas ocasiones, intentamos protegerlos de ese malestar emocional que nosotros sentimos, tratando de evitar que se enteren de las cosas o explicándoselas muy por encima, para que "no piensen mucho en ellas". Como ya decía Oscar Wilde, "con las mejores intenciones se obtienen, la mayoría de las veces, los peores resultados".

La realidad es que a día de hoy sabemos que es muy importante dar información a los niños acerca de las cuestiones importantes que nos suceden. Eso sí, la explicación que tenemos que darles debe ajustarse a su edad y nivel de comprensión. También es importante saber que tampoco necesitamos contárselo todo, debido a que nuestro objetivo es que el niño tenga una explicación de lo que ocurre y no se preocupe más de lo necesario por ello, no que se convierta en nuestro confidente, algo que sería negativo para su salud mental. 


Con la mejor intención, cuentos para comprender lo que sienten los niños es el título de otro de mis libros favoritos para poder trabajar en la consulta problemas que pueden surgir con bastante frecuencia en nuestras vidas. Algunos de los temas que se tratan son: la separación de los padres, el nacimiento de un hermanito, el fallecimiento de un ser querido u otros problemas clínicos como los trastornos de ansiedad o las agresiones que un niño puede sufrir en el colegio por parte de sus compañeros.

Este libro fue escrito por Marisol Ampudia, una psicóloga clínica que  trabaja en el Hospital Universitario Vall d´Hebron (Barcelona) y ha sido recomendado por numerosas revistas del campo de la Psicología para poder ayudar a los padres a afrontar problemas que pueden aparecer en el día a día, para evitar que se produzcan dificultades a posteriori.

Además, el formato en el que se presenta el libro me parece muy adecuado, debido a que explica cada uno de estos problemas ejemplificándolo con un cuento adaptado al nivel de comprensión de cualquier lector, de manera que resulta muy didáctico y sencillo de leer.
Fuente: Ampudia, M. (2010). Con la mejor intención. Cuentos para comprender lo que sienten los niños. Barcelona: Herder Editorial.

martes, 26 de mayo de 2015

¿Cómo me veo a mí mismo?

La sociedad en la que vivimos otorga una gran importancia a nuestro cuerpo. Por ello, con el objetivo de ser más deseables para los demás y de tener el "cuerpo perfecto", muchas personas se entregan a dietas muy restrictivas o, incluso, llegan a someterse a intervenciones quirúrgicas. 

Por otro lado, el cuerpo no es solamente un estándar físico que nos marcamos, sino que, cómo nos veamos a nosotros mismos y cómo analicemos esa imagen que nos devuelve el espejo va a tener repercusiones, en muchos casos, en la percepción que tenemos de nosotros mismos como personas.


Uno de los factores que influye poderosamente en cómo nos vemos a nosotros mismos son los mensajes que nos han dicho desde pequeños de lo que nosotros somos. Por ejemplo, si a una niña le han repetido desde pequeña que no coma mucho porque está gorda, es posible que, en el futuro, piense de esta misma forma y tenga miedo a engordar aunque su peso se encuentre dentro de la normalidad.  

En las personas con trastornos alimentarios, como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón (ver más información sobre estos trastornos en ¿Cuáles son los trastornos alimentarios?), la percepción de la imagen corporal suele estar alterada o existe una importante insatisfacción con ella. Además, las personas con estas patologías presentan otro problema: consideran que su cuerpo no puede ser aceptado como válido por los demás ni por ellas mismas.

Cuando existen problemas con nuestra imagen corporal es vital trabajar la identificación de cómo somos físicamente (sin distorsiones), para poder aceptarnos posteriormente y aprender a cuidar y valorar nuestro cuerpo. Porque él somos nosotros mismos.

martes, 19 de mayo de 2015

Agorafobia, ¿miedo a los espacios abiertos?

Algunas personas sufren una crisis de ansiedad que no se repite, siendo un episodio aislado que se resuelve rápidamente. Sin embargo, es frecuente que los ataques de ansiedad vuelvan a aparecer y la persona comience a tener miedo a dichas crisis. 

En estos casos, la vida de la persona se puede ver limitada de forma importante, apareciendo un miedo intenso que provoca que eviten situaciones en las que puede ser complicado pedir ayuda o conseguir escapar. Esto es a lo que los profesionales de la Psicología y la Psiquiatría llamamos agorafobia


Contrariamente a la definición popular de agorafobia que todos conocemos, que hace referencia al miedo a los espacios abiertos, como plazas o avenidas (www.rae.es), las personas que padecen este trastorno de ansiedad presentan una reacción de miedo intenso a diferentes tipos de situaciones y no solamente a las zonas abiertas, entre las que se incluyen:
  • uso del transporte público (automóviles, buses, trenes, barcos, aviones)
  • estar en espacios abiertos (por ejemplo puentes, mercados...)
  • estar en sitios cerrados (ascensores, tiendas, cines...)
  • hacer colas
  • estar en el medio de una multitud de gente
  • estar fuera de casa solo.
Debido al temor que sienten, suelen evitar activamente todas estas situaciones, pudiendo llegar a atrincherarse en sus casas o a caminar solamente por zonas que consideran "seguras". Sin embargo, la mayoría de las personas con agorafobia suelen ser capaces de enfrentar todas estas situaciones si van acompañados por alguien.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Tengo crisis de ansiedad?

Muchas personas han sentido taquicardias y dificultad para respirar en algunas ocasiones, motivo por el que pensaron que les estaba "dando un infarto" o que se estaban "volviendo locos" porque no eran capaces de controlar su propio cuerpo y las reacciones que tenían.

Como consecuencia de esta sintomatología, algunas personas han acabado en el servicio de urgencias porque valoraban que, si no lo hacían, podrían morirse. Al llegar allí, les han realizado las pruebas pertinentes y les han comunicado que todo estaba bien, que no les estaba "dando un infarto". 

Algunos de mis pacientes han llegado a mi consulta muy preocupados por ello, porque, aunque estaban felices por no haber tenido un ataque al corazón, ellos no percibían que se encontraban bien y notaban que no eran capaces de controlar las reacciones que estaba desarrollando su organismo.


Es muy importante que las personas podamos entender lo que nos pasa para poder ponerle remedio y para volver a poder disfrutar de una buena calidad de vida. Por ello, hoy me he decidido a escribir acerca de qué son las crisis de ansiedad.

Una crisis o ataque de ansiedad se produce cuando sentimos de repente mucho miedo o malestar que dura unos minutos. Además de estas sensaciones se producen otros síntomas como: palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar, sensación de ahogo, dolor en el tórax, náuseas, mareos, escalofríos o sensación de calor, hormigueo, miedo a volverse loco, miedo a perder el control del cuerpo o miedo a morir.

Y aunque todos sabemos que "la ansiedad no mata a nadie", es cierto que puede llegar a ser muy molesta en algunas ocasiones. Por ello, es muy importante que, en cuanto sepamos que lo que nos sucede no es un ataque al corazón y que no está provocado por otras enfermedades orgánicas, tratemos de aprender a relajarnos y manejar estas crisis lo antes posible con la ayuda de un profesional capacitado para ello.

martes, 5 de mayo de 2015

¿Qué puedo hacer si me cuesta manejar el estrés?

Cuando nos compramos un teléfono móvil nuevo sabemos que está creado a prueba de ciertos golpes, caídas y que sigue funcionando aunque se le someta a temperaturas bastante bajas o altas. Nuestro organismo funciona del mismo modo, aunque igual que le sucede a nuestro teléfono, si las condiciones a las que lo sometemos son desfavorables o extremas, puede sufrir daños importantes. 

Por ello, como ya os he explicado en otras ocasiones, el estrés puede afectar a nuestra salud, sea en forma de crisis de ansiedad, de sentirnos muy nerviosos casi a diario, tener dificultades para dormir por no conseguir quitar las preocupaciones de nuestra cabeza o cuando se nos cierra el estómago y perdemos el apetito. 
Cuando esto ocurre es muy importante que lo detectemos lo antes posible para poder ponerle remedio a corto plazo; antes de que se cronifique. Cuando ya hemos detectado que existe un problema que nos está afectando en nuestro día a día, es importante que busquemos ayuda de un profesional.

Si tenemos un problema de ansiedad, un psicólogo clínico nos puede ayudar a entender qué es lo que nos está pasando y cuál es el problema que tenemos. Si el estrés nos ha ocasionado un trastorno de ansiedad, aunque no sea grave, es importante que podamos entrenarnos en habilidades para manejar el estrés y la ansiedad, tales como la respiración diafragmática, la relajación o la meditación.

Aunque estas estrategias son muy útiles y nos van ayudar en gran medida a manejar los síntomas de ansiedad que resultan tan molestos, también es posible que sea conveniente que trabajemos sobre las cuestiones que nos han provocado dicha ansiedad, sean del tipo que sean, porque nos facilitarán poder saber cuando somos más vulnerables a volver a tener problemas de ansiedad. Esto nos ayudará a poder prevenirlos o, por lo menos, a solicitar ayuda lo antes posible.

martes, 28 de abril de 2015

¿Somos conscientes de que tenemos estrés?

Las personas estamos expuestas al estrés desde la infancia hasta que fallecemos, de forma que nos acompaña durante toda nuestra vida. Sin embargo, los efectos del estrés sobre nosotros no son siempre los mismos. Dependen del tipo de agente estresor al que nos enfrentemos, el momento vital en el que nos encontremos y de la conciencia que tengamos acerca de cómo nos afecta.

Se ha hablado mucho acerca de los dos primeros casos que he citado, pero se habla menos acerca de la conciencia que las personas tenemos del estrés. Schmitz y Hipp (2005) clasifican nuestra percepción de cómo nos influye en 5 estadíos diferentes:


  • Sin conciencia del estrés: suele corresponder a personas que no saben lo que sienten, pero pueden vivir temporadas sin tener ganas de hacer nada. Suelen tener tendencia a no expresar sus emociones.
  • Intelectualmente consciente del estrés: las personas que están en este estadío suelen pensar que "el estrés está ahí afuera y afecta a todos". Sin embargo, no tienen conciencia de cómo el estrés les afecta en sus propias vidas.
  • Consciente del estrés: estas personas saben qué es tener estrés y lo reconocen en sí mismos. Pueden incluso darse cuenta de qué cosas que realizan son perjudiciales para ellos, pero todavía no saben cómo afrontar adecuadamente estas situaciones.
  • Aprendiendo habilidades para manejar el estrés: reconocen el estrés en su vida y tratan de eliminar o moderar su efecto sobre la salud. Sin embargo, puede que no siempre lo consigan con éxito.
  • Incorporando habilidades para mejorar la propia vida: los que se encuentran en esta etapa han ido mejorando paulatinamente sus propias habilidades de afrontamiento de forma adecuada y dedican parte de su tiempo a realizar actividades que contribuyan a estar más relajados y a sentirse bien.
¿En qué estadío estás tú?

Fuente: Schmitz, C. C. y Hipp, E. (2005). Cómo enseñar a manejar el estrés. México: Editorial Pax Mñexico.

martes, 21 de abril de 2015

¿Aprendemos a manejar bien el estrés desde pequeños?

Al igual que ya hablamos de la ansiedad en varias entradas que escribí anteriormente en este blog, el estrés es un fenómeno que, aunque en principio, las personas definimos como dañino, no es en sí mismo ni bueno ni malo y forma parte de la vida. 

El estrés lo sentimos en forma de tensión física o emocional, como consecuencia de una situación que nos hace sentir frustrados, cuando percibimos una amenaza o cuando no tenemos recursos suficientes para afrontar un hecho adecuadamente.

Aunque sentir cierto grado de estrés puede ser bueno porque nos puede ayudar a prestar atención a algo que tenemos que hacer, en vez de dejarlo pasar, si vivimos mucho tiempo con un alto grado de estrés nuestra resistencia se agota y la salud se debilita.

Por ello, llama la atención que, a pesar de que sentirnos estresados es muy común hoy en día, la realidad es que desarrollar las habilidades necesarias para manejar adecuadamente el estrés no es fácil. La gran mayoría de nosotros tiene que entrenar estas habilidades e ir perfeccionándolas a lo largo de toda la vida.  Y aunque parecería obvio que ya que es un proceso tan complejo, las aprendiéramos desde pequeños, no solemos hacerlo por varios factores:
  • Nadie nos enseña las habilidades de manejo del estrés: ni en el ámbito de la familia, ni en la escuela se enseña a los niños a manejar la presión que el estrés produce antes de que ocurra una crisis.
  • Muchas normas sociales "no escritas" generan estrés: como por ejemplo la idea de que debemos "ser el primero", "no ser perezoso", "no mostrar el dolor", mientras que no se potencia que las personas sepan relajarse.
  • Carecemos de normas culturales y modelos para manejar de forma proactiva el estrés: desde pequeños se nos lleva a todo tipo de actividades, deportes, pero es muy extraño que un abuelo lleve a su nieto con él a taichi o a yoga, para que aprenda habilidades de relajación.
  • Pocos adultos hablan del estrés a los jóvenes: es normal que tratemos de educar a nuestros hijos acerca de que sean buenas personas, que no consuman alcohol, pero rara vez tratamos de que aprendan a manejar el estrés de forma adecuada. El mensaje que solemos dar a nuestros hijos es "no deberías sentirte así", en lugar de "entiendo que estás cansado de la situación, ¿te gustaría hablar de ello?".
Por todas estas razones, las personas solemos ir aprendiendo poco a poco a través de la experiencia a afrontar el estrés. Sin embargo, sería muy útil que nos enseñaran a hacerlo desde pequeños. 

martes, 14 de abril de 2015

¿Qué puedo hacer si mi hijo se hace pis en la cama?

Las razones por las que los niños se hacen pis en la cama pueden ser muy diversas. Por ello, la forma de abordar el problema puede ser muy diferente también en función de los casos o del enfoque de tratamiento que siga el profesional que lo trata.

Lo que sí es cierto es que el primer paso ha de ser siempre descartar si existe alguna causa orgánica que esté provocando dicha conducta, es decir, que la persona tenga alguna enfermedad que explique que se haga pis en la cama.

El segundo paso, en caso de que no exista una enfermedad que lo provoque, será identificar cuál es la causa por la que el niño se hace pis. Unas veces será más o menos sencillo, mientras que otras será una tarea más complicada.


Algunos de los problemas más comunes con los que nos encontramos son: que el niño tenga una pequeña capacidad funcional en su vejiga, que no sea capaz de detectar cuando su vejiga está llena y, por tanto, despertarse o que sí consiga despertarse pero que no se levante a tiempo.

En cuanto a la primera circunstancia, que el niño tenga una pequeña capacidad funcional en la vejiga, nuestro trabajo irá en la línea de aumentar dicha capacidad. Para conseguir este objetivo, podemos animar al niño a beber más de lo que habitualmente hace y animarle a que, gradualmente, trate de aguantar las ganas de hacer pis.

En relación a que no pueda detectar cuando su vejiga está llena, tendremos que trabajar para que sea capaz de reconocer las señales que podemos sentir cuando nuestra vejiga está llena, semi-llena o vacía.

Si el problema es que no se levanta a tiempo de la cama, lo que tenemos que trabajar es la motivación del niño para solucionar el problema. Para ello, podemos trabajar con autoinstrucciones motivadoras (empleando música por ejemplo), que no sean agresivas para el niño, como por ejemplo un sonido fuerte, que favorezcan que se despierte y se levante de la cama.

En cualquier caso, el mensaje que debemos trasladarle al niño es que comprendemos sus dificultades y que podemos conseguir que deje de hacerse pis siguiendo unos procedimientos en los que él ha de responsabilizarse también, evitando reñirle o criticarle por ello.

Fuente: Cáceres, J. (2011). Cómo ayudar a tu hijo si se hace pis en la cama. Madrid: Siglo XXI España.

martes, 7 de abril de 2015

¡Hasta la semana que viene!

¡Buenas noches!
Después de las vacaciones de semana santa, se me ha acumulado mucho trabajo así que la entrada de esta semana os la presentaré el martes que viene.
Hasta ese día, ¡que os sea leve la semana!