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martes, 19 de mayo de 2015

Agorafobia, ¿miedo a los espacios abiertos?

Algunas personas sufren una crisis de ansiedad que no se repite, siendo un episodio aislado que se resuelve rápidamente. Sin embargo, es frecuente que los ataques de ansiedad vuelvan a aparecer y la persona comience a tener miedo a dichas crisis. 

En estos casos, la vida de la persona se puede ver limitada de forma importante, apareciendo un miedo intenso que provoca que eviten situaciones en las que puede ser complicado pedir ayuda o conseguir escapar. Esto es a lo que los profesionales de la Psicología y la Psiquiatría llamamos agorafobia


Contrariamente a la definición popular de agorafobia que todos conocemos, que hace referencia al miedo a los espacios abiertos, como plazas o avenidas (www.rae.es), las personas que padecen este trastorno de ansiedad presentan una reacción de miedo intenso a diferentes tipos de situaciones y no solamente a las zonas abiertas, entre las que se incluyen:
  • uso del transporte público (automóviles, buses, trenes, barcos, aviones)
  • estar en espacios abiertos (por ejemplo puentes, mercados...)
  • estar en sitios cerrados (ascensores, tiendas, cines...)
  • hacer colas
  • estar en el medio de una multitud de gente
  • estar fuera de casa solo.
Debido al temor que sienten, suelen evitar activamente todas estas situaciones, pudiendo llegar a atrincherarse en sus casas o a caminar solamente por zonas que consideran "seguras". Sin embargo, la mayoría de las personas con agorafobia suelen ser capaces de enfrentar todas estas situaciones si van acompañados por alguien.

martes, 6 de mayo de 2014

Resurgiendo de las cenizas

Cuando las personas sufren un acontecimiento traumático, que rompe su burbuja personal, se puede producir un trastorno de estrés postraumático.

Sin embargo, no es necesario haber experimentado en primera persona este tipo de sucesos, sino que simplemente puede ocurrir porque alguien les ha explicado algún evento caracterizado por muertes o amenazas para su integridad física.


En estas situaciones las personas reaccionan con temor, desesperanza o un horror intensos. Los síntomas más comunes que pueden aparecer en este trastorno son:
  • Síntomas de reexperimentación como recuerdos recurrentes que provocan malestar, pesadillas, tener la sensación de que el evento traumático está sucediendo en el preciso momento e intensificación de los síntomas al exponerse a elementos que recuerdan al trauma.
  • Evitación de los estímulos asociados al trauma como un intento de la persona de distanciarse del dolor que le ocasiona el acontecimiento perturbador.
  • Síntomas de aumento de la activación como insomnio, irritabilidad, hipervigilancia, reacciones de sobresalto y dificultad para concentrarse.

 Sin embargo, el haber sufrido un trauma no siempre tiene que tener estas consecuencias negativas. A veces también viene acompañado de positivas, actuando como un potencial instrumento de cambio de la dirección de la propia vida. Algo así como sucede con los fénix, aquellos pájaros míticos que tenían la habilidad de resucitar, de resurgir a partir de sus cenizas.

martes, 22 de abril de 2014

¿Cómo afrontas la enfermedad?

Continuando con el tema de la semana pasada, hoy os escribo sobre cómo reaccionamos las personas ante la enfermedad. A estas respuestas que damos ante ella las llamamos estilos de afrontamiento

El estilo que adoptemos ante estos acontecimientos vitales tan adversos y estresantes, influye significativamente en el proceso de adaptación a la enfermedad.

Los principales estilos de afrontamiento que podemos presentar son los siguientes:
  • Evitación/Negación: la negación actúa como escape de la situación estresante o como mecanismo de afrontamiento a corto plazo para evitar los problemas abrumadores que suelen aparecer asociados al diagnóstico. Sin embargo, a largo plazo, suele correlacionar positivamente con malestar emocional.
  • Espíritu de lucha/optimismo: si pensamos que la enfermedad es un desafío, pensaremos que se encuentra bajo nuestro control personal. Este estilo se asocia con búsqueda activa de información acerca de la enfermedad y los tratamientos. Además, suele correlacionar con un ajuste psicológico más positivo comparado con el resto de los estilos de afrontamiento.
  • Preocupación ansiosa/desesperanza: si percibimos la enfermedad como una amenaza, podemos adoptar cualquiera de estos dos estilos:
    • Preocupación ansiosa: la persona percibe una gran incertidumbre tanto acerca de la capacidad de control como sobre las posibilidades futuras. Suelen buscar información como los anteriores, pero, a diferencia de ellos, tenderán a interpretarla negativamente.
    • Desesperanza: el paciente pensará que no tiene ningún control de la enfermedad. Suele aparecer en personas que ven el diagnóstico como pérdida, ya que su vida diaria se ve interrumpida.
  • Fatalismo: estas personas aceptan pasivamente la enfermedad, sin pensar que pueden ejercer algún control sobre ella. Se resignan a su suerte, sin hacer nada para cambiarla.

Una misma persona puede pasar por diferentes formas de afrontar la enfermedad a lo largo del proceso. En función del estilo de afrontamiento adoptado, tendremos un mejor o peor ajuste. Además, puede actuar como moderador del impacto negativo de la enfermedad sobre nuestro funcionamiento físico, social y emocional.