martes, 7 de abril de 2015

¡Hasta la semana que viene!

¡Buenas noches!
Después de las vacaciones de semana santa, se me ha acumulado mucho trabajo así que la entrada de esta semana os la presentaré el martes que viene.
Hasta ese día, ¡que os sea leve la semana!

martes, 31 de marzo de 2015

Qué debemos evitar hacer cuando los niños se hacen pis en la cama

Como ya os explicaba en la entrada del blog de la semana pasada que los niños mojen la cama en alguna ocasión es normal. Por este motivo, que esto ocurra de forma aislada no es algo que nos tenga que preocupar. 

Sin embargo, sí es importante que el niño aprenda finalmente el control de esfínteres lo antes posible, para que pueda llevar una vida más normalizada, sin tener problemas para poder quedarse a dormir en casa de sus amigos, por ejemplo.


Por ello, una de las cuestiones que muchos padres me plantean es qué formas de reaccionar no son adecuadas cuando sus hijos se hacen pis en la cama. Algunas de las pautas que no debemos realizar son las siguientes:
  • Castigar al niño: esta opción suele adoptarse cuando pensamos que el niño no está poniendo de su parte para dejar de hacerse pis en la cama. Los efectos del castigo a largo plazo no suelen ser positivos, ya que el comportamiento no deseado vuelve a aparecer o tenemos que ir recurriendo a castigos más fuertes para que sigan haciendo efecto, con la consecuencia de que muchos padres piensen "no puedo con mi hijo".
  • Ser permisivo o muy exigente: tampoco resulta útil la estrategia de asumir que el niño se va a hacer pis y liberarle, por tanto, de toda responsabilidad; ni la de enfadarse con él, obligándole a mantener la cama seca por las noches. 
  • Poner pañales: este es un procedimiento muy empleado por muchas familias para manejar mejor el problema. Se recomienda no usar los pañales a partir de, aproximadamente, los 3 años, porque aunque puede resultar un procedimiento útil a primera vista para padres y niños, a largo plazo dificulta el desarrollo de los mecanismos necesarios para que el niño deje de hacerse pis.
La semana que viene escribiré acerca de cuáles son las estrategias más recomendables que podemos seguir para solucionar este problema.

Fuente: Cáceres, J. (2011). Cómo ayudar a tu hijo si se hace pis en la cama. Madrid: Siglo XXI España.

martes, 24 de marzo de 2015

"Mi hijo se hace pis en la cama"

Hacerse pis en la cama es un hecho mucho más común de lo que inicialmente podemos pensar. Generalmente, a la mayoría de los niños les ocurre alguna vez desde que ya han podido controlar esfínteres, sin que esto llegue a ser un problema que tenga que causarnos alarma.


Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), este problema se conoce con el nombre de enuresis. Se entiende por enuresis la emisión repetida de orina en cama o en la ropa, ya sea de forma voluntaria o involuntaria. 

Sin embargo, sólo se considera un problema que merece ayuda de un profesional cuando el niño tiene más de 5 años y ocurre con una frecuencia de dos o más veces a la semana durante un mínimo de tres meses consecutivos o si limita de forma considerable la calidad de vida de la persona. 

Aunque la definión es muy genérica, la realidad es que no todos estos niños o adultos (este problema puede aparecer también en adolescentes o personas que han alcanzado ya la mayoría de edad, aunque no es tan común como en la infancia) tienen la misma dificultad, sino que existen muchas diferencias entre unos y otros: hay niños que se orinan todas las noches y otros que lo hacen de forma más esporádica, algunos pueden orinarse dos o tres veces por noche, mientras que otros sólo lo hacen en una ocasión, etc.

Aunque de entrada pueda parecer que controlar los esfínteres es muy sencillo, la realidad es que es un aprendizaje más complejo de lo que comúnmente se cree y puede llegar a ser frustrante y lento de conseguir para los niños.

La semana que viene continuaremos hablando sobre este tema, acerca de las pautas que no son útiles para tratar este problema.

martes, 17 de marzo de 2015

¿Cómo podemos superar el trastorno obsesivo-compulsivo?

Las personas que padecen un trastorno obsesivo-compulsivo experimentan ansiedad cuando perciben que existe un peligro, el cuál hace que actúen de una determinada forma para tratar de evitarlo. El problema de las personas que padecen este trastorno es que pueden disparar el sistema de alarma sin que exista peligro real. Como consecuencia de ello, suelen sufrir un importante malestar emocional debido a la cantidad de rituales que repiten una y otra vez o de los pensamientos recurrentes que no se pueden quitar de la cabeza.
Existen diversos tipos de tratamientos que han demostrado ser útiles a la hora de superar un trastorno obsesivo-compulsivo:
  • Por un lado están los tratamientos psicofarmacológicos, como algunos tipos de fármacos antidepresivos que se emplean para disminuir los síntomas característicos de este trastorno.
  • Por otro lado, existen diversos abordajes psicoterapéuticos para tratarlo, como la exposición con prevención de respuesta, que es un tratamiento de tipo cognitivo-conductual.
En esta entrada me centraré en este último tratamiento, la exposición con prevención de respuesta. Este tratamiento se basa en afrontar los pensamientos, imágenes o situaciones que provocan ansiedad a la persona (como por ejemplo el miedo a contaminar o transmitir alguna enfermedad a los demás), pero evitando que la persona realice el ritual que usa para neutralizar la ansiedad (por ejemplo lavarse las manos repetidamente).

La clave a la hora de poner en práctica esta técnica es que el paciente no puede realizar el ritual hasta que la ansiedad disminuya notablemente. Además, de esta forma, podrá comprobar por sí mismo que no se produce el peligro que tanto temía a pesar de no realizar dicho ritual.

A pesar de que existen otras muchas técnicas que pueden resultar eficaces para el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo, la exposición con prevención de respuesta ha demostrado que sí lo es, por lo que, a día de hoy, se considera como uno de los tratamientos de elección.

martes, 10 de marzo de 2015

¿Cuáles son las compulsiones más frecuentes?

La semana pasada hemos comenzado a hablar acerca del trastorno obsesivo-compulsivo, sobre qué era una obsesión y una compulsión. 

Pues bien, aunque cada persona que padece un trastorno obsesivo-compulsivo es diferente de cualquier otra, sí que podemos hablar acerca de ciertos tipos de compulsiones que podemos observar más frecuentemente en nuestros pacientes.


Marks (1987) recoge una de las clasificaciones más conocidas acerca de cuáles son las compulsiones más prevalentes:
  • Rituales de limpieza: Son los que observamos en mayor medida en nuestros pacientes. Los pacientes con este tipo de compulsiones temen y evitan cualquier foco de suciedad o contaminación, por lo que llevan a cabo largos y complicados rituales de limpieza. Son más frecuentes en mujeres que hombres.
  • Rituales de repetición: Consisten en repetir cualquier tipo de acción, como por ejemplo las personas que, cuando entra un pensamiento en su cabeza que les molesta, repiten un determinado número siguiendo una secuencia específica.
  • Rituales de comprobación: Consisten en chequear de forma reiterada y repetida cualquier acción. Uno de los rituales de comprobación más usuales es el de chequear si está cerrada la llave del gas, pudiendo volver incluso desde la calle varias veces para revisarlo. Son más frecuentes en hombres que en mujeres.
  • Rituales de acumulación: Los pacientes con este tipo de rituales no son capaces de desprenderse de casi ningún objeto, debido a que les provoca un malestar muy elevado, llegando a acumular multitud de objetos inservibles.
  • Rituales de orden: Son típicos de personas que no pueden ver las cosas fuera de su sitio, pudiendo llegar a invertir una cantidad enorme de horas para colocarlo todo.

Fuente: Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (2008). Manual de psicopatología (Volumen II). Madrid: Mc Graw Hill

martes, 3 de marzo de 2015

¿Tengo un trastorno obsesivo-compulsivo?

Todas las personas tenemos pensamientos o ideas que nos dan vueltan en la cabeza repetidamente. Muchas veces son cosas que nos preocupan, como que nuestros hijos crezcan sanos o ese problema del trabajo que tenemos que solucionar. Estas preocupaciones son normales.

Sin embargo, hay ocasiones en las que las preocupaciones se convierten en algo obsesivo y comienza a causar un importante malestar a la persona que las sufre.

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría), el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), se caracteriza por la existencia de obsesiones y compulsiones.


Una obsesión es un pensamiento, un impulso o una imagen que aparece de forma recurrente en nuestra cabeza. La persona las experimenta como intrusivas, como algo que aparece en su mente que no desea y que no puede controlar. Algunas de las obsesiones más comunes son la obsesión por la limpieza o por el orden.

Con frecuencia, las personas que las padecen, tratan de ignorarlas o suprimirlas realizando alguna acción o pensando en otras cosas. A estas acciones a las que recurre la persona, con el objetivo de neutralizar las obsesiones, las llamamos compulsiones. 

Por tanto, una compulsión puede ser un comportamiento o un acto mental (rezar, contar, repetir palabras, etc), que el paciente repite con mucha frecuencia  como respuesta a la obsesión. Al realizar dicha compulsión, la ansiedad o el malestar bajan. Algunos ejemplos de compulsiones son accionar repetidamente el interruptor de la luz o lavarse las manos muchas veces seguidas.

Hasta aquí, parece que cualquier persona vería como una buena opción la realización de estas compulsiones para que el malestar disminuya. Sin embargo, el problema es que, tanto las obsesiones como la realización de las compulsiones, causan mucho malestar a la persona, pudiendo pasarse horas repitiendo la misma conducta, convirtiéndose, en los casos más graves, casi en un esclavo de ese acto.

martes, 24 de febrero de 2015

La llegada de un hermanito nuevo

El nacimiento de un nuevo hermano es un motivo de alegría para la familia. Sin embargo, también puede ser un momento difícil para el niño que, hasta ahora, recibía toda la atención de sus padres sin tener que compartirla con nadie más.

Los niños pueden reaccionar de diferentes formas ante la llegada del nuevo hermanito: pueden mostrarse enfadados, pueden querer que ese niño no viva su casa, pueden tener celos o pueden alegrarse por tener a alguien con quien podrán jugar.


Algunas de las pautas que podemos tener en cuenta para que nuestro primer hijo no se sienta desplazado son las siguientes:
  • Lo más importante es reconocer las emociones que siente el niño. Es normal que un niño sienta que su nuevo hermanito está ocupando toda la atención y tiempo de sus padres. Por ello, es fundamental que vea que comprendemos cómo se siente, diciéndole "Sé que estás triste porque ahora pasamos menos tiempo los dos solos, pero tú eres muy importante para mí. ¿A qué quieres que juguemos cuando vuelvas del colegio?"
  • Dedicar tiempo a estar con él a solas, sin que esté presente el nuevo niño. Es importante planificar alguna actividad en la cuál los padres pasen tiempo con su primer hijo sin la interferencia del nuevo. Estos momentos son vitales para que el niño recuerde que su mamá sigue siendo su madre y que ya no sólo lo es del nuevo hijo.
  • Darle tareas especiales: el hermano mayor puede colaborar con las labores de cuidado del nuevo hermano: puede escoger la ropa que le vamos a poner, ayudar a preparar el biberón, llevarle un juguete, etc...
  • Algo que también podemos tener en cuenta es que, en el momento en que presentamos a los dos hermanos, el nuevo hermanito no esté en brazos de su madre, sino que lo vea en la cuna, por ejemplo.

Estas son algunas ideas que os pueden servir de ayuda y, aunque podría señalar otras muchas, considero que las dos primeras son fundamentales.
¡Hasta la próxima semana!

martes, 17 de febrero de 2015

El arte de amargarse la vida

"El nuevo libro de Paul Watzlawick se puede leer medio en broma y medio en serio". Con estas palabras comienza el libro de este autor que lleva por título El arte de amargarse la vida.

Dicho libro se ha convertido en un best seller desde su primera publicación en el año 1983, siendo traducido a más de 80 idiomas. 


Está escrito en forma de pequeñas historietas y cuentos, empleando ejemplos literarios y refranes con el fin de dar a conocer a las personas las formas que empleamos para solucionar problemas o cómo nos enfrentamos a determinadas situaciones en la vida.

Me parece un libro muy recomendable, apto para cualquier público de edad adulta, ya que a pesar de ser un texto escrito por un reconocido psicólogo, que ha hecho importantes conctribuciones al campo de la Psicología y la terapia familiar, emplea un vocabulario y una forma de expresar sus ideas de fácil comprensión. Sin embargo, la realidad es que, de fondo, en este volumen se expresan ideas más complejas y que pueden hacernos reflexionar acerca de cómo nos comportamos. 

Otro de los puntos a destacar del libro es que está escrito empleando un tono irónico, que puede provocar la risa en el lector, lo cuál es algo difícil de conseguir porque a veces habla de momentos de la vida en los cuáles las personas podemos estar sometidos a un importante estrés o podemos estar pasándolo realmente mal.

Además de recomendaros encarecidamente que leáis el libro, ya que es una obra verdaderamente buena, podéis usarlo como un útil manual para tratar de evitar aquellas acciones o situaciones que pueden hacer que nuestra vida se convierta en una auténtica pesadilla.

martes, 10 de febrero de 2015

Puedo confiar

Para poder trabajar con personas que tienen un trastorno alimentario, lo primero que debemos crear es un clima de confianza. Y aunque esto parece fácil de decir, ¿cómo conseguimos que alguien que no nos conoce confíe en nosotros?

La verdad es que la cuestión es complicada, porque la confianza tiene mucho que ver con nuestras propias experiencias personales. Para que una determinada persona pueda poder confiar en otra, puede ser necesario que le sonrían y le den la mano al entrar en la consulta; mientras que, otra persona puede necesitar que le digan que van a ser sinceros con ella y que van a respetar siempre su forma de pensar.


Por otro lado, además de la confianza, vamos a tener que recordar que, aunque el motivo de consulta por el que vienen es un problema con la alimentación, la realidad es que pocas veces vamos a tener éxito si tratamos de cambiar las pautas alimentarias que actualmente siguen (sea una restricción alimentaria importante como darse atracones) desde un primer momento. Y es que, si fuera tan sencillo de modificar, ellos mismos lo habrían conseguido sólo con proponérslo. 

Estas pautas alimentarias que han ido estableciendo se han convertido en una constumbre en sus vidas y algo que sabemos a ciencia cierta es que las costumbres en nuestras vidas son muy complejas de cambiar, porque se convierten en parte de nuestra vida diaria. 

Por tanto, según mi perspectiva de trabajo, será primordial que comencemos por establecer un buen clima de confianza entre nosotros y el paciente, mientras paralelamente vamos conociendo algo más del problema por el que han decidido pedir ayuda. El siguiente paso será trabajar con las emociones que llevan a la persona a limitar su ingesta o a meterse atracones para que, cuando puedan manejarlas más adecuadamente, consigan tener unos hábitos alimenticios más saludables.

martes, 3 de febrero de 2015

Aprendiendo a manejar las emociones

Para poder intervenir con las personas que presentan trastornos alimentarios tendremos que hacer una amplia recogida de información, desde los datos que ya solemos recoger habitualmente, hasta los específicos de la alimentación (peso, IMC, si ha realizado dietas o no, si se purga (léase entrada del blog ¿Cuáles son los trastornos alimentarios?) de alguna manera, si se da atracones, etc...).

Otro de los aspectos fundamentales en los que tendremos que centrar nuestra atención es en el apego (si queréis saber algo más sobre este tema podéis leerlo en la entrada que he escrito acerca del apego: "Lo más importante, el amor") que han formado estas personas cuando eran niños con sus cuidadores principales. 



El apego es el vínculo que se genera entre el cuidador y el niño. La figura de apego es la que nos proporciona el alimento, así como la seguridad, calma y consuelo en los momentos en los que nos sentimos amenazados. 

Cuando los niños son pequeños internalizan que mamá los lleva al cole, pero que va a estar a la hora de la salida para recogerlos y que podrán pasar luego un ratito con ella. Ya desde edades muy tempranas entienden que su madre no les está abandonando, que es sólo una separación temporal y que se pueden ir con tranquilidad con el resto de los niños de su clase.

Aunque, generalmente, no se observa que las personas con trastornos alimentarios hayan tenido familias caóticas o cuidadores que no se hiciesen cargo de ellas, sí que ocurre en muchos casos que no han podido aprender a regularse emocionalmente a partir de esta relación establecida con sus figuras de apego. En la mayoría de las ocasiones, este aprendizaje no ha tenido lugar no por mala fe de los padres o porque "pasaran de ellos", sino porque sus propios progenitores tampoco saben regular sus emociones de forma adecuada.

Por tanto, algo que debemos explorar y, probablemente tendremos que trabajar es la regulación emocional. Sin embargo, el primer paso va a ser ganar su confianza. Esto no será fácil de entrada, ya que la mayoría no van a presentar conciencia de enfermedad, por lo menos inicialmente, y tendrán poco interés en cambiar sus pautas de alimentación actuales.